miércoles, 13 de octubre de 2010

364 días y 22 horas para abuchear a Zapatero

El desfile de la Fiesta Nacional en el Paseo de la Castellana se ha convertido, a su pesar, en un desfile de polémicas que cada año cambia el guión y empaña el día grande de las fuerzas armadas. Son dos horas que dan para mucho. En esta ocasión han tocado los abucheos al presidente del Gobierno -ya convertidos en una tradición, como el spot de El Almendro en Navidad-, el calentón verbal entre Zapatero y Gallardón mientras esperaban a los Reyes o el plante del abanderado de Venezuela. Como decía Jack el Destripador, vayamos por partes.
   Lo de Venezuela no tiene nombre, al aducir una indisposición del abanderado para no aparecer por Castellana. Su embajada podrá decir lo que quiera, pero a la hora de buscar excusas no ha dado en el clavo y no nos la tragamos. El Gobierno español la acepta, quizá porque más vale barcos sin honra que honra sin barcos, por aquello del encargo de navíos de guerra que Navantia espera como agua de mayo y cuya firma depende de cómo se despierte de ánimos ese día Hugo Chávez.
  La discusión entre Zapatero y Gallardón estaba fuera de sitio. El alcalde madrileño llamó vanidoso y mentiroso al jefe del ejecutivo días atrás, y ambos no encontraron mejor ocasión de tratarlo que minutos antes de recibir a la Familia Real con las cámaras de TVE como testigos mudos del incidente verbal. ¿No podrían haber esperado a la recepción en el Palacio Real? Los dos son culpables de haber puesto sobre sus cabezas el foco de la actualidad, y no en el desfile que estaba a punto de arrancar, haciendo de paso todo un feo a los Reyes y a las fuerzas armadas.
  Y tercer acto. Lo de los abucheos a Zapatero desnuda la falta de tacto de los asistentes al acto militar, que de nuevo pasa a un segundo o tercer plano para centrarse en una minoría que sabe que es el mejor momento para hacer oír su descontento con el presidente. Partiendo de la base que están en su derecho de criticarle, quizá no es ese el minuto más oportuno. Disponen de 364 días y 22 horas al año para alzarle la voz al líder del PSOE pero no ayer y, menos aún, que sus gritos empañen y ensucien el momento en el que se homenajea a los caídos. No eran quizá el Rey y el Príncipe los más indicados para hacer este reproche en los habituales corrillos de los salones del Palacio Real, pero lo hicieron y ahí ha quedado.
   Queda un año para el nuevo guión pero, por favor, que no lo escriban los dirigentes políticos, que con el talento que aportan los extras que se autoinvitan ya tenemos suficiente.

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