lunes, 11 de octubre de 2010

Asesores de políticos

Thomas Cathcart y Daniel Klein -ya se barrunta al ver sus nombres y apellidos- no nacieron precisamente en La Caleta gaditana. Los dos son yankees y tienen en común su afilado sentido del humor y una guasa que para sí quisieran los letristas de las chirigotas del Teatro Falla cuando escriben sobre política. Thomas y Daniel dejaron de ser unos chavales hace tiempo. No poseen la tarjeta dorada de Renfe pero si la piden se la dan en el acto. Ambos han escrito el que debería ser el libro imprescindible de cualquier político, de sus asesores y, especialmente, su equipo de Prensa. El libro de marras tiene un título inolvidable: Aristóteles y un armadillo van a la capital (Planeta).
No se alarmen, aunque sea un libro -o sea, carece de grapas- no va más allá de las 204 páginas y es más bien de bolsillo. Aquí Thomas y Daniel analizan con humor e ironía -a partes iguales- las mentiras de la clase política pero, sobre todo, las chorradas políticamente correctas que dicen por obra y gracia de asesores que viven al margen de la realidad y que hace tiempo que no se acomodan en la barra de un bar o hacen la compra en el súper. Como muestra, la dedicatoria del libro: "A la memoria de ese fabuloso humorista político de otra época, Will Rogers, que dio en el clavo cuando dijo: No hay ningún secreto en ser humorista cuando tienes a todo el gobierno trabajando para ti".
   Aristóteles y un armadillo tendría que ser de lectura casi obligatoria para los dirigentes políticos y en los gabinetes de prensa de Moncloa, Ferraz o Génova. Como también la visión de algunos episodios de El ala oeste, a mi juicio la mejor serie de televisión de los últimos años, que trata sobre el día a día del presidente de EE UU y su equipo de fontaneros en la Casa Blanca. Hace ahora un año, durante un almuerzo, recomendé el libro de Thomas y Daniel y la serie a un dirigente del PSOE madrileño. Me frunció el ceño y dedicó más atención al plato de lentejas. Hace una semana las primarias del PSM que ganó Tomás Gómez le convirtieron en una de las caras de la derrota.
   No soy Rappel ni Aramis Fuster, pero como gritaba un entrenador de fútbol a su portero: "No te pido que pares las que van dentro de la porteria, sólo te exijo que no metas dentro las que van fuera". Pues eso.

2 comentarios:

Larra dijo...

Este post también debería ser de obligada lectura para esos asesores de políticos y politiquillos.

Larra dijo...

Qué pasa don Ignacio. Esto hay que alimentarlo. Qué pasa con la remodelación del Gobierno? No vas a escribir nada. Estoy ansioso por leerte.