jueves, 21 de octubre de 2010

La vanidad que pagan otros

Los artistas de retratos al óleo se frotan hoy las manos, nunca mejor dicho, porque hay curro a la vista. Con la salida del Gobierno de Fernández de la Vega, Moratinos, Espinosa, Aído y Corredor se encargarán en breve los cuadros de cada uno de ellos para mayor gloria de las galerías pictóricas ministeriales. No sé cuando y cómo, pero en España se hizo tradición que cada ministro entrante encargue ipso facto un cuadro de su antecesor en el cargo para colgarlo -no sean malpesados- en un lugar preferente de la sede ministerial. Por supuesto, la factura la paga el contribuyente, no el homenajeado. La idea también cuenta con mucho éxito en ayuntamientos, diputaciones y gobiernos autonómicos.
   Ya verán cómo la estéril iniciativa se vuelve a cumplir y que la tijera de la poda presupuestaria no saldrá del cajón para detener esta incongruencia. Con los tiempos de crisis que corren, propongo que el cuadro al óleo del ministro de turno se elimine con efectos incluso retroactivos, o bien que para ahorrar se sustituya la obra de arte por una foto digital y que sólo nos cueste el marco -uno sencillo de Ikea- el papel y el cartucho de tinta.
   Cuando esta tarde desembarquen en sus ministerios en los coches oficiales, el bedel de la entrada les abrirá la puerta y, como siempre que llega un nuevo jefe, pensará para sus adentros: "Aquí llega el interino". Pero los ministros en ocasiones se creen eternos y pecan de vanidosos -caso de los cuadros de marras-, que es posiblemente el peor pecado en el que puede caer quien se ocupa de la cosa pública.
  Cambiando de tercio, y aprovechando que la ley de memoria histórica elimina en las calles símbolos de la dictadura, bien quedaría otra que pusiera fin a las placas que los gobernantes corruptos han dejado esparcidas a su paso. Seguro que ex presidentes autonómicos como Gabriel Urralburu y Jaume Matas, ex alcaldes como Julián Muñoz o ex altos cargos como el inefable Luis Roldán, inauguraron en su día placas en las que aparecen sus nombres para mayor gloria y vanidad. La lista de afectadas sería tan abultada que habría que poner en marcha otro Plan E para retirarlas.

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