viernes, 15 de octubre de 2010

La alternativa de Moratinos

Gibraltar y Marruecos son dos piedras molestas en el zapato de la España moderna y democrática. El Gobierno, que lo sabe de sobra, se ha descalzado para intentar solucionarlo. El ejecutivo se ha sentado, ha puesto boca abajo el zapato y ha dado unos leves meneos para intentar sacarlas. Luego, con horror, ha comprobado que en vez de solucionar el problema se le ha introducido otra nueva piedra que atiende al nombre de Venezuela. En vez de volver a descalzarse y agitar con energía el zapato para expulsarlas el Gobierno ha preferido, de momento, seguir caminando con ese verdadero incordio en sus pies. Y en esa estamos con nuestras complicadas relaciones diplomáticas con el régimen de Hugo Chávez, el reino de Mohamed V y la colonia británica.
   El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, cree ver los toros desde la barrera con esos conflictos pero los toreros venezolanos, marroquíes y gibraltareños están haciendo una faena en toda regla a España desde el medio de la plaza, con sus respectivas aficiones en éxtasis y con la banda de música poniendo la nota festiva. En el tendido, además, hay unos muletillas que también desean saltar al ruedo y que han llegado desde Cuba, Somalia y Mauritania, donde se han enterado que dar unos pases de pecho a los españoles es cosa fácil.
  El último en salir a hombros de su afición ha sido el ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana, el Niño del Peñón. Enfundado en su traje de luces, y no harto de hostigar en la Bahía de Algeciras a las patrulleras de la Guardia Civil día sí día también, ahora rompe la baraja, reitera la soberanía de esas aguas que rodean la Roca y espeta a España que litigue en la Corte Internacional de la Haya si quiere su propiedad. No sólo habría que recordarle al Niño del Peñón que el Tratado de Utrech señala que Gibraltar sólo tiene soberanía en las aguas de su puerto; también que ese texto del siglo XVIII señala al istmo con España como tierra de nadie, y ahí los ingleses se aprovecharon de nuestra Guerra Civil para adelantar la frontera y levantar por la cara una aeropuerto. Por no hablar del tejido empresarial tan sui géneris del Peñón, cuyas actividades dejan a buen seguro las tramas corruptas españolas del ladrillo a la altura del Monopoly.

  Moratinos, como jefe de nuestra diplomacia, ha de bajar a la arena antes de que se acabe la corrida y torear con maestría los toros que llegan desde Gibraltar, Venezuela, Marruecos, las costas piratas de Somalia o a los extemistas islámicos que secuestran ciudadanos españoles por Africa. Por eso quizá sería una excelente iniciativa que el arte de Cúchares, aunque sólo sea temporalmente, pase a ser competencia de Asuntos Exteriores en vez de depender del Ministerio del Interior. La puerta grande espera al triunfador, nunca al que perpetra faenas de aliño o no se arrima al bicho.

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