miércoles, 27 de octubre de 2010

La sensibilidad no se compra

Estela Calduch tenía 25 años y estudiaba en la Facultad de Económicas y Empresariales de la Universidad Rovira i Virgili. Trabajaba como empleada en una oficina de barrio del Banco Santander en la localidad tarraconense de Cambrils. Este lunes el cajero de la entidad se ausentó para una gestión familiar y Estela ocupó su puesto temporalmente. Esa mañana la bala de un atracador acabó con su vida. Su cuerpo recibó ayer por la tarde sepultura en Sant Carles de la Rápita, su pueblo natal.
   Que se sepa por las crónicas periodísticas, el máximo responsable del banco no apareció por el sepelio de Estela, la joven empleada de su compañía. Tendría a buen seguro otros quehaceres más importantes en su agenda de trabajo para perder unas horas a bordo de su jet privado y fijar rumbo a Cataluña para consolar a la familia.
  Las grandes y no tan grandes empresas dedican anualmente cantidades millonarias a campañas de publicidad, imagen y comunicación para llegar tanto a sus clientes como a los que desea contar como tales y para dar valor a sus marcas. Spots en televisión en horario de máxima audiencia, páginas y páginas enteras a todo color en periódicos de tiradas nacional, merchandising, publicidad en Internet...qué les voy a contar que no sepan. En ocasiones, en muchas ocasiones, son los pequeños detalles -y muy baratos, créanme- los que calan en los clientes.
   La sociedad, y especialmente los consumidores, poco a poco van conociendo sus derechos y su capacidad para hacerse oir ante los atropellos y tomaduras de pelo de algunas empresas, aunque les cueste tiempo y parte de su dinero. Por ejemplo, cada vez cuela menos cuando una ciudad sufre un apagón y la eléctrica de turno habla de "sólo 1.000 abonados afectados". Efectivamente, mejor utilizar el término abonado que el de personas, que así el número es infinitamente menor. Llegará el día que se atrevan a difundir una nota de prensa donde se recoja que "el apagón de anoche sólo afectó a un abonado de Madrid y el suministro se reestableció en 90 minutos", aunque ese abonado sea el Real Madrid en sus instalaciones del estadio Santiago Bernabéu, justo a la hora de su partido con el Barcelona y con medio país pendiente de la televisión. Pero sólo era un cliente. Como Estela, que sólo era una empleada.
 

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