lunes, 25 de octubre de 2010

Los partidos rompecorazones

Hay que buscar con lupa al político que suela defender los programas del corazón que han tomado al asalto los horarios estelares de las cadenas privadas. Este tipo de televisión desembarcó con toda su fuerza a finales del siglo pasado y, lo que pareció como una moda pasajera, se ha convertido en el motor de la programación en el caso de Telecinco y Antena 3. Programas como Sálvame de luxe, La noria y Dónde estás corazón cuentan con audiencias millonarias, con espectadores de todas las tendencias, edades, sexos y clases sociales imaginables. O lo que es lo mismo, potenciales votantes a los que poder enviar mensajes a través de lo que en principio son meros espacios de entretenimiento.
   Si cuando estalla una guerra la primera víctima es la verdad, cuando se acercan las campañas electorales el primer damnificado es la hemeroteca del político. Del color que sea. En los cuarteles generales de las principales formaciones es tiempo ahora de listas y de ir engranando la maquinaria electoral con el objetivo de acercarse al pueblo llano, ese que sigue con fidelidad las crónicas del corazón a través de la pequeña pantalla. Por eso en la hoja de ruta de los candidatos se abrirán huecos para pisar los platós de los programas del corazón y someterse a entrevistas de las reinas de la mañana.
   Esa función no la cumplen ya los telediarios. Pepa Bueno, Matías Prats y Pedro Piqueras dejan ese papel a colegas como Ana Rosa Quintana o Jorge Javier Vázquez. No en vano, La noria que mueve en Telecinco Jordi González ha contado como invitados estrellas a políticos de peso como José Blanco y Tomás Gómez. El sábado por la noche el turno fue para José Montilla, con una audiencia media de 1,5 millones de espectadores. Al principio rechina ver al ministro de Fomento, al jefe de la Generalitat de la Cataluña y al líder del PSM compartir escaleta con Belén Esteban, pero todo es ponerse.
  La sociedad que critica la telebasura no aguanta ver en sus televisores a la Esteban y su troupe pero no cabe duda que su lenguaje crudo y llano cala en millones de españoles, los mismos que provocan cada cuatro años que la balanza se desnivele hacia la derecha o la izquierda en las urnas. El alcalde de Valladolid y su exabrupto sexista o el ministro Blanco levantando risas maliciosas ayer al hablar del "plumero" de Rajoy son material de primera para el debate de barra de bar y los periódicos que forman opinión, pero también para ese tipo de espacios. A este paso no se extrañen si en las próximas campañas electorales hay codazos para meter a los candidatos en programas televisivamente incorrectos.

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