viernes, 22 de octubre de 2010

Objetivo equivocado

Hubo un tiempo no muy lejano en el que los actos más peregrinos del ministro de turno tenían cabida asegurada en los telediarios de todas las cadenas. Aquello, afortunadamente, se acabó, aunque las televisiones han convertido sus informativos en lo que se viene a llamar infoentretenimiento y que en cristiano significa mucha noticia de relleno, tipo la paella que entra en el libro Guinness o el calendario benéfico de los bomberos de Cuenca. Lo más grave es que estos contenidos tan sesudos se cuelan en el minuto 15 de la escaleta y no en una cola de salida.
  Aunque no lo parezca todavía, lo anterior viene a colación tras lo expresado por Zapatero tras anunciar sus cambios de Gobierno al afirmar que se ha guiado por la "extensa experiencia" y la "gran capacidad de comunicación" de las nuevas caras ministeriales. De momento, se ha constado que en los primeros pasos públicos del ejecutivo Rubalcaba sigue siendo el rey de la comunicación y que el ministro de Trabajo no es precisamente la alegría de la huerta cuando se coloca frente a un micrófono.
  Siempre he considerado que una excelente comunicación no depende ni mucho menos del dominio del político en hacerla llegar al público, sino más bien de que la mercancia que venda sea de calidad e interesante. Si echamos un vistazo al archivo de las notas de prensa que todos los ministerios cuelgan en sus webs comprobaremos cómo el 99,9% de ellas son tan intrascendentes y tan poco atractivas para los periodistas que no se harían un hueco ni en un breve de El Socialista.
  Zapatero se equivoca si enarbola el cartel de "es la comunicación, estúpidos" a la hora de poner desde hoy los deberes en el Consejo de Ministros de Moncloa. Más bien debería hacer caso al asesor que convirtió a Bill Clinton en un caballo ganador frente a Bush en 1992 cuando acuñó aquello de "es la economía, estúpidos" para hacer ver al político demócrata cuál era su prioridad si pretendía acomodarse en el despacho oval de la Casa Blanca. Mal que le pese, Zapatero no tiene un problema de comunicación sino más bien económico. James Carville, el asesor que le cantó la gallina a Clinton, seguro que hoy le aconsejaría lo mismo al presidente español.

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