jueves, 18 de noviembre de 2010

Beneficios sí o sí

Hoy entramos gratis en el túnel del tiempo. Corría 1971 cuando las autoridades del Régimen se desplazaban al sur para inaugurar en las últimas bocanadas del desarrollismo la autopista de peaje Sevilla-Cádiz. La carretera daba un brico en sus últimos metros para acceder a la Tacita de plata a través del puente móvil José León de Carranza, también de paganini para todos los coches que enfilaban la ciudad por la majestuosa infraestructura de la época. El peaje del puente, se dijo entonces, serviría para cubrir su coste. Hasta que alguien que no estudió Letras puras se percató a principios de los 80 que tanto trasiego de vehículos pasando por caja durante más de una década, no sólo había cubierto el precio del puente, sino de al menos tres. En los años posteriores hubo bofetadas entre los ayuntamientos de la Bahía para que el dinero cobrado de más a sus empadronados conductores aterrizasen en sus menguadas arcas. Algo así como el canon digital del siglo pasado.
  Década de los 90. La autopista Sevilla-Cádiz -casi 90 kilómetros- continúa siendo de peaje. La Expo-92 y el Plan de Autovías diseñado por el ministro del ramo de nombre Cosculluela olvidan desdoblar la N-IV entre Sevilla y Cádiz, por lo que la autopista no sólo sobrevive y arroja beneficios, sino que la competencia no está ni se la espera.
  Siglo XXI. El peaje se mantiene aunque se retira el pago en el breve recorrido entre Jerez y Cádiz. La N-IV entre la capital hispalense y la capital del Carnaval continúa asemejándose a un escenario válido para rodar capítulos de Cuéntame cómo pasó. La concensión de la autopista, que ha sido prorrogada desde su construcción por gobiernos de UCD, PSOE y PP, expirará el 31 de diciembre de 2019; a no ser que IU ostente el Gobierno central y haga lo propio aunque sólo sea por mantener la tradición. Las cajas registradoras de las cabinas de peaje, mientras tanto, a lo suyo y echando humo: de los poco más de 7.000 vehículos diarios de media en 1991 se pasa a los cerca de 25.000 por jornada en 2009.
  Noviembre de 2010. Las empresas constructoras y concesionarias de nueve autopistas de peaje construidas en España en los últimos ocho años -unos 500 kilómetros de asfalto, la mayoría en los accesos a Madrid- reclaman una compensación al Estado para no declararse en quiebra y abrir en la cuentas públicas un agujero que supera los 3.000 millones de euros. Para empezar, a la vista de que la crisis provoca un escuálido tráfico de coches en sus obras y que los conductores esquivan los peajes para apretarse el cinturón, se contentan con el pronto pago de 80 millones a cuenta de los Presupuestos de 2011.
  Si a esto le sumamos los cerca de 20.000 millones de euros -no intente hacer el cálculo en pesetas- que el Estado deberá a final de año a las empresas eléctricas -cuyas ganancias anuales dan vértigo reproducir- por el denominado déficil tarifario, entran ganas de buscar un socio y montar un negocio de suministro de luz o de autopistas de peaje porque el beneficio está asegurado sí o sí, mientras el riesgo radica sólo en conocer la fecha de cobro.

1 comentario:

Gueimonde dijo...

Con lo que yo me pregunto:¿de donde narices sacas esta información?gracias a ti me pongo de mejor humor respecto a nuestro estado.LIBRO DE RECLAMACIONES POR FAVOR