lunes, 15 de noviembre de 2010

Bocazas sin fronteras

El huracán José Mourihno es todo menos un fenómeno nuevo. Me explico. A primeros de los años 80 el entrenador en la modesta 2ªB del equipo de mi pueblo, el Racing Club Portuense, se llamaba Manolo de la Torre y era un provocador nato: "Soy -clamó a la afición que criticaba sus tácticas- el mejor entrenador del mundo". A pesar de su narcisismo de libro, el Portuense nunca ascendió a la División de plata, el Marca no dedicó ninguna portada al preparador, el Real Madrid no llamó a sus puertas y De la Torre se tuvo que conformar con mudarse al banquillo del Ceuta y otros equipos de fuste similar. Tampoco obtuvo grandes méritos futbolísticos otro técnico que aterrizó en el Cádiz CF poco más tarde y que respondía al nombre de David Vidal. Más chulo que una concentración de ochos, sus ruedas de prensa nunca dormían al personal, como tampoco sus performances desde el banquillo de cara a la grada y las cámaras de televisión.
  Mourinho, como en su día Van Gaal -ahora en el Bayern- son dos entrenadores de la escuela de Vidal y De la Torre, pero en vez de calentar incómodos banquillos sacan lustre a los mullidos butacones de cuero y diseño de la primera fila del fútbol mundial. Provocadores natos, no necesitan abuelas. En el caso del portugués que manda en el vestuario del Bernabéu, su carácter de sobrado y la forma con la que trata al adversario no le ayudarán a que sea elegido como imagen de una campaña publicitaria de Cáritas. De vez en cuando, se topará con colegas del ramo que le tildarán, como ha pasado esta semana, de "canalla". El Real Madrid se merecerá los títulos que pueda conseguir bajo su batuta pero no a un personaje como él al mando de la plaza merengue. Habrá hasta quien recuerde que la diferencia entre una vaca pastando y Mourinho mascando chicle radica en la mirada inteligente del rumiante.
  Los bocazas se diferencian del lince en que de momento no sólo no andan en peligro de extinción sino que se reproducen a la velocidad de los mosquitos veraniegos. Y no sólo en los campos de fútbol. En la política local, nacional e internacional siempre disponen de un campo de cultivo envidiable. De mi tierra gaditana me quedo con el alcalde de Puerto Real, un republicano versión bananera a cuyo lado Jaime Peñafiel se transforma en un adalid de la monárquía como presidente del club de fans de la princesa Letizia. En la campaña de las elecciones catalanas de este mes, los humoristas de programas como el de Buenafuente se frontan las manos y aflojan las imaginación presenciando el espectáculo de Joan Laporta y su partido independenestista cañí. Seguro que algún adversario del ex presidente del Barça barrunta con su asesoría jurídica meterle un pleito por intrusismo. Aunque Puigcercós (ERC) ha arrancado la campaña con el listón muy alto al atacar sin miramientos a los andaluces. En la ONG Bocazas sin fronteras, qué decir que no se sepa ya de insignes y reconocidos asociados como Hugo Chávez o Silvio Berlusconi.
  No obstante, el deseado título honorifico de Bocazas del mes ha distinguido -por unanimidad del jurado y a pesar de que faltan 15 días para despedir noviembre- a Rafael Sanzó Riera, párroco de la pequeña localidad castellonense de Vilafamés, por disponer de un doble discurso. El señor cura ha sido detenido por la policía tras hallar en su ordenador 21.000 archivos con contenido pedófilo y pornográfico. No queda ahí la cosa; ahora bien lo mejor. Su antecesor en la sacristía murió de cirrosis por su afición a la botella -ni la de Font Vella ni la de la lejía- y el anterior escandalizó al pueblo porque, habla la alcaldesa de Vilafames, "descubrimos que robaba". Con estos mimbres, a nadie extraña que la primera autoridad municipal haya reclamado plaza de oyente como jurado del casting que en breve montará el Obispado de Segorbe Castellón para elegir sustituto de don Rafael. Berlanga, a buen seguro, mueve ya los hilos para adquirir los derechos cinematográficos de la historia.

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