jueves, 11 de noviembre de 2010

Deja el dinero y corre

Seguro que le pasó durante su etapa de estudiante: cada vez que caía un suspenso la noticia corría como la pólvora entre su familia, amigos y vecinos. Por el contrario, el día que obtuvo una matrícula de honor se produjo un apagón informativo y se vio obligado a ejercer de portavoz para que los mismos de antes supieran de su gran éxito académico.
   A los periodistas nos pasa algo similar cuando olfateamos noticias al margen de las obvias ruedas de prensa y del aluvión de comunicados de los gabinetes de prensa y lobbys. Si la información que rastreamos entra de lleno en la cara menos amable de la vida -crímenes, corruptelas, robos, abusos...- somos expertos en sacarlas a la luz y dedicarles una cobertura con letras de imprenta bien lustrosas. Por el contrario, no andamos muy finos cuando se trata de encontrar y difundir noticias que nos devuelven la esperanza en el ser humano. Somos así, qué le vamos a hacer.
   Casi seis meses hemos tardado en conocer el gesto de una pareja de ancianos septuagenarios de Canadá. Se llaman Allen y Violet Large y la suerte y la fortuna -posiblemente fuera el destino- quiso que a principios de año la lotería de su país les dejase un premio de 11,2 millones de dólares, es decir, 8 millones de euros o si lo prefieren 1.300 millones de pesetas. Para los banqueros de su pueblo de Nueva Escocia pasaron automáticamente a convertirse en lo que llaman clientes preferentes.
  Allen y Violet son jubilados, él de su trabajo de soldador y ella como antigua trabajadora en empresas de cosméticos. Llevan una vida acomodada dentro de sus límites y su principal preocupación es la recuperación de un cáncer que sufre Violet. La lluvia de millones les produjo "un quebradero de cabeza" enorme por temer que tanto dinero acercase a su domicilio a "gente retorcida".
  Casados desde hace 36 años, en la recta final de sus vidas, se han liado la manta a la cabeza y durante los últimos meses han destinado el montante total del premio a obras de caridad en hospitales y servicios de beneficencia, además de ofrecer unos pellizos a amigos en aprietos económicos. Lo mejor de todo, las declaraciones vertidas por los protagonistas a la prensa tras conocerse su caso: "El dinero que ganamos no representa nada; nos tenemos el uno al otro", ha sentenciado Allen, mientras que para su esposa Violet "es algo que nos hace sentir bien" ya que "no tenemos ni quejas ni reclamaciones que hacerle a la vida".
   La historia de los Allen ha pasado prácticamente desapercibida para los medios de comunicación españoles. Los pocos que la han recogido -salvo contadísimas excepciones- la han metido con calzador como breves, que ya se sabe que el público en tiempos de crisis no está con el cuerpo como para enterarse de las alegrías ajenas.
   Existió hace años un periódico europeo que sólo publicaba noticias positivas pero la iniciativa acabó pronto en el cementerio de papel. Su nacimiento apenas trascendió a la opinión pública, sin embargo, su defunción llegó a oídos de todo el mundo porque los medios se encargaron de propagarla. Todas las noticias que merecen ser impresas, lleva por bandera en su cabecera el The New York Times, incluso y llegado el caso, las positivas cazadas por unos periodistas que, les aseguro, no somos "gente retorcida".

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