jueves, 25 de noviembre de 2010

El cobrador del frac llama a la puerta

Para los que se saltan la sección de Economía de los periódicos con asiduidad y creen que las páginas salmón la despachan en los mercados de abastos para envolver el pescado noruego, lo del hipotético rescate de España suena tan familiar como el diferencial de la deuda o el bono alemán; son asuntos de la actualidad que están ahí pero prefiero en el ascensor hablar con el vecino de la ola de frio que azota a la Península, que ahí sí que tengo opinión y domino el tema.
  Para que se haga una idea en bruto del rescate de la economía española, para empezar, ha de tener en cuenta que es improbable que se produzca, aunque no imposible. Por el maltrago ya han pasado Grecia e Irlanda, y antes que nosotros quien ha comprado más papeletas para pedir la vez son los vecinos de Portugal. Si cae Lisboa será una malísima señal para el Gobierno Zapatero, aunque los hay que esgrimen que Bruselas ni quiere ni cuenta con reservas de dinero suficiente para acudir a nuestra hipotética llamada de auxilio. Hay quien se echa a temblar cada vez que el presidente y la vicepresidenta económica recalcan que España no es Irlanda -y menos aún Grecia- para calmar al personal, porque en agosto de 1992 el todopoderoso ministro de Economía, Carlos Solchaga, declaró que no iba a devaluar la peseta y apenas una semanas después, en septiembre, nuestra moneda de entonces se devaluó.
   Este manido rescate viene a ser una versión a lo bestia de lo que el Banco de España hizo en 1993 con el Banesto de Mario Conde o recientemente con Caja Castilla La Mancha y CajaSur. El banco emisor las intervino por el agujero que arrastraban, para luego ponerse manos a la obra para arreglar sus cuentas y sanearlas, cambiar gestores y nombrar nuevos administradores. Esto es, grosso modo, la hoja de ruta de la Unión Europea cuando se ve abocada a desembarcar en un país cuyos números son tan rojos que ya queman y el humo que desprenden impiden hallar la salida. Bruselas pone el dinero para salvar la papeleta y los agobios pero a cambio dicta a los gobernantes las recetas de obligado cumplimiento para salir a flote, lo que viene a ser una tutela de la política económica tras constatar que los gestores de país no han hecho los deberes correctamente. Y esa tutela se traduce en duros ajustes y cortar el grifo en todas aquellas partidas de la Administración del Estado donde los expertos de fuera detecten siquiera atisbos de derroche.


  A la vista de cómo anda el patio, crece el número de los que echan de menos una mayor visión de Estado de nuestros dirigentes políticos. Quizá, para calmar al personal, sería conveniente para abrir boca una reunión urgente Zapatero-Rajoy o reeditar una iniciativa similar a los Pactos de la Moncloa de 1977, un acuerdo de todas las fuerzas políticas y agentes sociales que vino de perlas para que la desastrosa economía de entonces no fuera un lastre que ahogase a la Democracia que alumbrábamos. Porque en el ambiente flota la nebulosa de un adelanto electoral que haga coincidir las generales -previstas para marzo de 2012- con las autonómicas y municipales fijadas para mayo de 2011. Aunque sólo sea para ahorrar a un Estado que anda tieso la factura de dos procesos electorales que salen por un pico.

   PD. La reunión de Zapatero el sábado con los jefes de las 30 mayores empresas del país será como regalar un pasaporte a los enclaustrados ciudadanos de Corea del Norte. El encuentro en Palacio servirá de bien poco si recordamos que el Estado tiene contraidas grandes deudas con muchas de esas compañías. Los presidentes quizá bajen en Moncloa de vehículos cedidos por el cobrador del frac y sosteniendo en la mano las facturas aún pendientes de pago.

1 comentario:

Maria Gutierrez dijo...

mal futuro nos espera con el presente gobierno, pero no más clara veo la alternativa del señor de las barbas... que dios nos pille confesados