domingo, 7 de noviembre de 2010

El embajador de Ferrero Rocher

Sus matrículas son rojas y empiezan con CD, lo que los detala al circular tras ellos. Esas letras significan Cuerpo Diplomático, y son los vehículos que usan en las embajadas y consulados para desplazarse por nuestro país. Hay quien  lo traduce como Caraduras Distinguidos por aquello de las ventajas de las que gozan. En España contamos con uno que se ha ganado a pulso esa consideración en apenas un mes. Responde al nombre de Julián Isaías Rodríguez y se le supone embajador de Venezuela, aunque su cometido en las últimas semanas se ha asemejado más al de un chulo de barrio al que ya sólo le falta provocar acudiendo al palco del Bernabéu con la camiseta del Barça, el chandal del Atlético de Madrid y la insignia de OHL, la competidora del negocio del ladrillo de Florentino Pérez.
  Isaías Rodríguez está que se sale. Todo arrancó cuando habló de presuntas torturas a los miembros de ETA que revelaron ante el juez su entrenamiento en Venezuela ayudados por el etarra deportado Arturo Cubillas, personaje siniestro al que el presidente Hugo Chávez tiene en nómina. Si Josu Ternera ostentó el papel de miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco, Cubillas -qué menos- se encarga de asuntos relacionados con la seguridad en el país que comanda el caudillo bolivariano.
   Para seguir haciendo amigos en España, el señor embajador no organizó una recepción con bombones de Ferrero Rocher, sino que se plantó en el País Vasco para reunirse con sujetos del mundo próximo a ETA. Como no hay dos sin tres, en el desfile del 12 de octubre en Castellana, el abanderado venezolano que tenía previsto acudir al acto se cayó del programa en las horas previas aduciendo "una indisposición" que nadie se tragó. Por aquello de continuar tendiendo puentes de amistad y diálogo, el Gobierno de Chávez ha acusado esta semana a España de "endosarle" su  fracaso de la lucha contra ETA.
  Como todo lo que va mal es susceptible de ir a peor, ayer sábado en el aeropuerto de Barajas, el embajador Isaías Rodríguez -el mismo que intentó en otra ocasión colarse por un acceso reservado a tripulaciones- escenificó su penúltima bufonada. Utilizando el caduco "usted no sabe con quien está hablando...", acusó a los policías de haberlo "maltratatado de forma verbal" por retenerle durante 15 minutos el pasaporte. Sí, han leído bien: ustedes, que saben lo que es pasar horas y horas muertas en los aeropuertos de medio mundo, se encuentran con un individuo -que no se identificó como embajador ante los agentes hasta el último momento- que padeció una espera de un cuarto de hora antes de seguir su camino.
   Trinidad Jiménez no es Moratinos, afortunadamente, y como ministra de Asuntos Exteriores ya le ha pegado un sutil tirón de orejas a Chavez esta semana por sus reiteradas salidas de pata de banco. Jiménez viaja esta semana a Bolivia y Ecuador, donde quizá le vendría bien dar un suave golpe encima de la mesa y escenificar que no hemos sido ni seremos el pito del sereno de gobernantes que no andan a la altura de sus pueblos. Caso aparte es el del inclito Isaías Rodríguez, que ha convertido en excelente, moderado y gran profesional a su colega embajador de Marruecos en España.
  PD.  Si no están al tanto, el reino alauita carece de embajador acreditado en Madrid desde hace 9 meses.

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