sábado, 13 de noviembre de 2010

Jubilar al mensajero

Si el presidente Lincoln observara el panorama actual de los medios de comunicación quizá proclamara "antes noticias online que online sin noticias" en vez de su recordado "antes prensa sin Gobierno que Gobierno sin prensa". En un país como el nuestro, con unos índices de lectura de diarios que nos colocan a la cola del mundo civilizado, los gurús del Periodismo se estrujan la cabeza para intentar pronosticar cuál será el futuro de la prensa escrita tras el fulgurante desarrollo de Internet. Ya hay quien sostiene que desaparecerá dentro de una década, apuntando a la Red como la culpable del entierro por aquello de buscar siempre al sospechoso que sale beneficiado del crimen.
  Si se cumple el pronóstico será la primera vez que el nacimiento de un medio de comunicación borra a otro del mapa de la competencia. Siempre en estos casos recuerdo las proféticas palabras de un magnate del cine americano, cuando en los años 30 vaticinó el fracaso de la televisión argumentando que las familias se cansarían pronto de mirar a una caja de madera desde el salón de su casa.
   En el caso español, hay quien sostiene con retranca que la venta de periódicos subiría como la espuma si se prohibiese por ley que los bares -donde somos potencia planetaria en número de licencias- dejasen de ponerlos gratuitamente a disposición de sus clientes. No se crean que el apocalipsis de la prensa escrita cristalizará por una zancadilla de Internet. En el caso de que ocurra, los responsables serán más bien aquellos que prefirieron invertir más en tecnología que en capital humano. Agarrémonos aunque sea a esta comparación que bien podría haber sido parida por la mente de Gila: "Si la popularización del uso de papel alumino no acabó en los años 70 con los periódicos -que dejaron desde entonces de envolver millones de bocadillos-, Internet tampoco lo logrará". Aunque sean residuales y se vendan en tiendas delicatessen a precio de oro, los periódicos contarán con su público garantizado, de la misma manera que La 2 en televisión o Radio Clásica en las ondas herzianas suman una audiencia fiel aunque de tamaño minúsculo.
  Lo curioso de Internet es que ha llevado a millones de personas, que no compraron un periódico en su vida, a leer los diarios digitales. Eso ya es un primer paso porque se crea un consumidor que tarde o temprano se acercará al kiosko o la gasolinera a adquirir su cabecera predilecta.
  "Nosotros, más pronto que tarde, suprimiremos esas páginas", ha adelantado el director de uno de los periódicos del Grand Slam patrio. Y no se refería a las dedicadas a los anuncios de prostitución, sino a las páginas de información sobre las parrillas de televisión. Ese es precisamente el camino que hay que esquivar si no se quiere jubilar al mensajero de papel y que su cometido lo ejerza la Red a través de la fibra óptica.

1 comentario:

Gueimonde dijo...

No creo que el periódico desaparezca, un ejemplo claro lo tenemos en los libros electrónicos, a pesar de que son muy prácticos hay gente que sigue prefiriendo el "tocho"de papel, el tacto, y como no, "EL OLOR" de un libro.GRACIAS IGNACIO.