lunes, 8 de noviembre de 2010

La Marcha verde del siglo XXI

El manual del golpe de Estado o de cualquier ataque militar lo recoge en sus primeras páginas: nada de prensa cerca, ningún testigo incómodo como políticos extranjeros de un gobierno occidental y cortar las comunicaciones con el exterior. Las autoridades marroquíes han seguido a rajatabla el texto para barrer del mapa esta mañana el campamento saharaui instalado desde hace un mes a las puertas de El Aaiún, la capital de nuestra antigua colonia en el norte de Africa: ataques contra los periodistas españoles, no permitir desembarcar del avión al eurodipitado de IU Willy Meyer, y dejar sin cobertura a los teléfonos móviles en los momentos previos al violento desalojo de esta mañana.
  El resultado de la Intifada en toda regla que se está viviendo hoy en el campamento y en El Aaiún todavía es una incógnita, pero ya se habla de varios muertos y decenas de heridos entre las fuerzas de seguridad marroquíes -con ejército incluido- y los saharauis. Unos 20.000 vivían en unas 7.000 jaimas levantadas en el desierto para reclamar mejoras socio-económicas, aunque nadie esconde que se trata también de una estrategia animada por el Frente Polisario, el movimiento que reclama desde hace década las autodeterminación de El Sáhara.
  En este análisis de urgencia llama la atención que la crisis haya cogido a la ministra de Exteriores, Trinidad Jimenez, de viaje oficial en Bolivia. Máxime cuando hace apenas unos días se reunió en Madrid con el primer ministro del reino alauita, quien aprovechó la cita para poner a caldo a la prensa española por su actitud sobre el contencioso saharaui. O no se entera de nada o quiso quitarse de enmedio, no sabemos qué es peor.
   Marruecos, nuestro vecino del sur, se asemeja a una democracia lo que un huevo a una castaña, por lo que su reacción a la crisis de hoy es del todo impredecible. Los sucesos de El Sáhara ocurren cuando se cumplen 35 años de la Marcha verde al entonces Sáhara español organizada por Hassán II, el padre el actual rey Mohamed VI. Que tomen buena nota los marroquíes sobre quién salió por patas de allí entonces, porque a veces la historia es tan testaruda que hasta se repite. España no puede quedarse de brazos cruzados porque nos jugamos mucho.

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