viernes, 26 de noviembre de 2010

Tomarla con el mensajero

Tarde o temprano los periodistas hablamos de lo nuestro, aunque sólo sea porque con la pereza ante el ordenador los artículos salen más rápidos y que -ahora sí- damos por hecho que somos expertos en la materia. Este ejercicio de ombliguismo me lleva a alertarle para que desconfíe por norma general del dirigente politico que la toma con los medios de comunicación en general, con uno en particular o en el peor de los casos, con un periodista con nombres y apellidos.
  Desde que dos imberbes colegas del The Washington Post sacaron las vergüenzas a Nixon a principios de los años 70 y le enseñaron el camino de salida de la Casa Blanca, el Periodismo contemporáneo no ha parado de contabilizar choques de trenes con gobernantes de distinto pelaje en regímenes ya sean democráticos, dictaduras militares bananeras o totalitarismos pseudoproletarios. El balance, salvo error u omisión, siempre ha sido favorable a los plumillas y sus empresas. Y eso que, cada vez con mayor reiteración, los periodistas temen más a la reacción de la propia empresa que a las consencuencias de sus informaciones más delicadas. Es el Periodismo que nos ha tocado vivir, donde los consejeros delegados o los accionistas de las empresas periodísticas parecen contar más que el derecho a la información de los ciudadanos. Pero esa es otra historia.
  En apenas unas semana han salido en tropel diferentes gobiernos y dirigentes para dar bocinazos a la Prensa, lo que casi siempre suele interpretrarse como el diagnóstico de un político en apuros, de un régimen en crisis y horas bajas que busca pelea con un adversario de papel que se defiende con tinta desde el kiosko. El Gobierno de Marruecos encabeza el hit parade tras calificar de "racista" a los medios de comunicación españoles por sus informaciones sobre la crisis de El Sáhara. Las autoridades alauitas se han vestido de árbitros caseros y expulsan periodistas de El Aaiún desde el túnel de vestuarios, sin esperar al menos que comience el partido y los reporteros salten al desierto.
  Del caudillo Hugo Chávez, nada nuevo bajo el sol. Si en 2007 cerró la cadena RCTV por las críticas a su Gobierno, ahora su fijación es Globovisión -lo poco que queda crítico del periodismo venezolano-, tildando de "bandido" a su presidente y amenzando con intervenir un holding mediático que no le ríe las gracias. Así las cosas, el máximo dirigente de Globovisión ha tomado las de Villadiego y pedido asilo en EEUU.
  El top de la semana lo cierran dos presidentes europeos de países con pedigrí. El francés Nicolás Sarkozy ha llamado "pedófilos" a un grupo de periodistas galos que le inquirió por una venta turbia de submarinos a Pakistán. Para que el cuadro quede completo, el último por ahora en saltar a la pista del circo ha sido el artista Silvio Berlusconi. Más chusco, a su estilo, descolgó el teléfono y entró en directo en un programa de debate de la pública Rai3 que no era de su agrado, y a cuyo presentador, Giovanni Floris, no suele mandar una felicitación por Navidad. Casi a grito pelado tildó de "prepotentes" y "mistificadores" a los periodistas para dirigirse luego al conductor del espacio: "Usted cree que la RAI es suya y sin embargo la pagan todos los italianos". Y colgó abruptamente el teléfono. 
  En España, de momento, las polémicas periódisticas marchan por el derrotero que más apasiona al personal, esto es, las peleas entre empresas del sector de la comunicación. A la espera de los datos de audiencias del EGM que se conocerán el próximo día 2, la Cadena SER ha demandado a la COPE por plagiar Carrusel Deportivo con el Tiempo de juego de la emisora de la Iglesia. Ya ve que no sólo en el fútbol caen patadas y juego sucio.

No hay comentarios: