domingo, 28 de noviembre de 2010

Votos y botas

Hoy Cataluña habla en las urnas para poner los cimientos de su futuro durante los próximos cuatro años. Esta noche, sobre las 22.30, ya conoceremos los resultados de las elecciones a la Generalitat, con la incógnita y el morbo de resolver si actual president, el socialista José Montilla, se ve forzado a buscar en la nevera de casa el imán de una empresa de mudanzas de confianza. Los catalanes votan este domingo con el rabillo del ojo puesto en el partido del siglo que toca mañana lunes entre el Barça y el Real Madrid en el Nou Camp.
  La campaña que apagó los focos el viernes a medianoche dejó claro que el tripartito no sólo quedó amortizado, sino que sus valedores han hecho mutis por el foro -el catalán, se entiende-, porque ya se sabe que el triunfo cuenta con multiples padres y la derrota suele ser completamente huérfana. Una vez que el martillo ha machacado el último clavo del ataúd de la alianza PSC-ERC-ICV, queda por dilucidar si los electores confirman lo avanzado por las encuestas, con símil taurino en la comunidad que prohíbe el arte de Cúchares: oreja y rabo de CiU pero sin mayoría absoluta, salida arropada por las fuerzas de orden público para ERC, cornada seria en el PSC, almohadillas para ICV, oreja para el PP y división de opiniones para el resto de fuerzas políticas. Por descontado, esta noche será harto difícil dar con el dirigente que asuma unos malos resultados y tire de autocrítica.
  Pero quizá la verdadera piedra de toque de las elecciones catalanas de hoy radique en conocer el número de ciudadanos que ejercera hasta las 20.00 horas su derecho al voto. No hay que olvidar que en 2006, con el referéndum del Estatut, el porcentaje no alcanzó el 50%. Porque, digan lo que digan los partidos políticos, si las autonómicas arrojan una participación que no supera la mitad del electorado, el fracaso será de todos y cada unos de los actores -ya sean principales o secundarios- de la escena política catalana.
  Si el próximo president de la Generalitat sale investido de una convocatoria electoral con una participación escuálida nadie le discutirá la legalidad. Pero será como si el Barça gana mañana a los merengues con un Mourinho que se ha quedado en casa leyendo El Quijote y que ha enfrentado sobre el césped del Nou Camp a las estrellas azulgranas con los jugadores suplentes del Castilla. Los tres puntos caerán del lado de los culés en justicia y encabezarán  la Liga, pero la victoria no sabrá igual.   

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