jueves, 30 de diciembre de 2010

Caraduras mancomunados

El gaditano Ventorrillo del Chato no es una típica venta de carretera con moscas pululando en la entrada y el dueño con la camisa por fuera plagada de lamparones. No. También es verdad que sí, está pegada a una carretera, aunque a los pies de una playa semisalvaje. El Ventorrilo del Chato no dispone de menús de 9,95 euros -café no incluido- ni tiene camiones y furgonetas de reparto aparcados en la puerta, menos aún comensales con el mono de trabajo y el palillo de dientes en la boca, con la música de una tragaperras perforando oídos.
  El Ventorrillo es posiblemente el restaurante más caro de la provincia de Cádiz, aunque a cambio lo que ofrece al paladar es una pura delicia. Es un sitio con historia, con mucha historia, casi o más que la Constitución de 1812, no en vano su localización cabalga en los pocos kilómetros que separan la Tacita de plata de la Isla de León/San Fernando. En El Chato, dicen los que saben de la cosa gastronónica, nació la tapa.
   En este templo del buen yantar se presentaron este año el presidente de la Mancomunidad de Municipios de la Janda y dos técnicos de esta institución que engloba a municipios como Medina Sidonia, Barbate o Vejer de la Frontera. Entre pecho y espalda se metieron una buena comilona y tiraron de la Visa de la Mancomunidad para abonar el ágape: 320,80 euros. Eso sí, era un almuerzo de trabajo para tratar sobre el seguimiento de las obras del Plan E en la ciudad de Barbate. Ya ven, aquí el que no encuentra una excusa en una pillada, vuela. Y alto.
  Cuando al presidente de la Mancomunidad, comensal y pagador de la factura, un tal Francisco Carrera, la oposición le ha aireado el precio de la comanda pidiendo explicaciones, ha contestado con mesura y diplomacia señalando que "invita a quien le da la gana, donde le da la gana y como le da la gana". Porque, si no se han dado cuenta, el Ventorrillo anda situado a unos largos 50 kilómetros de la sede de la Mancomunidad, donde su interventor se desgañita últimanente reclamando ahorro ante la perspectiva de las arcas de la institución, objetivo deseado por arañas para colocar en breve sus telas. Carrera, al parecer reincidente en tirar de Visa ajena, se largó con los dos mismos técnicos a Fitur y en 48 horas por los madriles le dio tiempo de sobra para adquirir facturas por un importe de 2.500 euros.
   Así despedimos el 2010 en BREIKIN NIUS, con la certeza, que no el deseo, de que a lo largo de 2011 seguirán apareciendo facturas de instituciones que andan tiesas para pagar las nóminas pero donde no falta alegría a la hora de que sus rectores se peguen homenajes como el del Ventorrillo del Chato.

No hay comentarios: