martes, 14 de diciembre de 2010

Fantasmas de altura

Los expertos pronostican que saldremos de la crisis a lo largo de 2011, aunque no precisan si será el 1 de enero o más bien el 31 de diciembre. Quienes sí parecen que atan los perros con longaniza son las empresas petroleras asentadas en España, donde el precio de la gasolina se encuentra a punto de ascender a su máximo histórico con el litro de eurosúper rozando los 1,30 euros.
  Si ultimamente cuando das una patada a una lata sale un experto en Economía -aunque el 99,9% de ellos no vio llegar la crisis más grave y duradera de la Historia-, en estos días si pegas otra te sale una nueva y disparatada explicación de las petroleras para explicar porqué cuesta la gasolina tan cara como hace dos años con el barril de crudo ahora un 40% más barato que entonces. Dicen en esas compañías que defienden tanto el medioambiente desde sus campañas publicitarias, que es que andamos confundidos y que la cuenta que pagamos en el surtidor al llenar el depósito no depende solamente de la evolución del precio del barril de petroleo en los mercados internacionales, sino de otros muchos factores. Por la misma regla de tres, a lo mejor cuando el barril suba una barbaridad las petroleras nos bajan la gasolina. Pero uno da por hecho de que veremos antes a Morinho siendo un dechado de humildad o al Cádiz CF jugando la Champions League.
  La salida de la crisis tendrá visibilidad cuando las grandes empresas comiencen a hacer caja con negocios jugosos, porque son ellas las que ven antes que nadie el cambio de tendencia. Siempre recordaré que el Grupo Santander puso en venta su megasede de Boadilla del Monte, a las afueras de Madrid, justo antes de que el mercado inmobiliario se descuajaringase ladrillo a ladrillo. Y por eso, debemos fijarnos por ejemplo en la Plaza de España de Madrid como termómetro de la recuperación. En ese lugar existen dos edificios fantasmas construidos casi simultáneamente en los años 50: Torre Madrid y el Edificio España. El primero, propiedad de la inmobiliaria Metrovacesa, el segundo, del Banco Santander.

   La imagen actual de ambos, sobre todo el segundo, es patética. Antiguos símbolos de la modernidad del país, su abandono es patente para las miles de personas que cruzan frente a sus aceras. Los dos compartían ambiciosos planes de relanzamiento que se abortaron con el bajonazo económico. Varados junto a la centenaria Gran Vía, cuando recobren la vida empresarial podremos afirmar que la recuperación ha llegado para quedarse. Mientras tanto son excelentes monumentos a las vacas flacas, dos gigantes temibles de la crisis para la mente de la cercana estatua de Don Quijote. Pero torres más altas cayeron.

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