martes, 7 de diciembre de 2010

Odiosas comparaciones

¿A que no se imagina una manifestación de los empleados de El Corte Inglés? ¿Y una huelga de los trabajadores de estos grandes almacenes? Pues no, por la sencilla razón de que no se ha registrado ninguna -al menos que haya trascendido- ni durante el franquismo ni durante las tres largas décadas de democracia. Lo mismo pasa con nosotros, los periodistas.
  En los países europeos se han ido sucediendo huelgas de los profesionales de la información que han dejado los kioskos sin periódicos, las teles con fundidos en negro y las radios mudas o casi. Aquí en España no ha ocurrido ni ocurrirá nada similar, y eso que los plumillas en paro son tan numerosos como las rotondas de acceso que proliferan en los accesos de las ciudades y los polígonos industriales. Desconozco si somos los peor pagados del mundo civilizado, pero estaremos ahí ahí, con unos sueldos netos mensuales que en la mayoría de los casos sobrepasan los 1.000 euros por los pelos como si fuera la fotofinish de los 100 metros libres. Para qué hablarles de las largas jornadas laborales -sobre todo cuando suceden grandes e inesperadas noticias, como el chantaje de los controladores- o las horas extras que caen sin parar: una vez coincidí con un compañero que había cobrado horas extras tras exigirlas sin descanso. Al poco tiempo la empresa aumentó su descanso tras finiquitarlo.
  Como cada uno habla de lo que cree que sabe y vive, le contaré también el caso de un compañero de profesión que trabajó sin descanso y del tirón un verano entre el 1 de agosto y el 15 de septiembre porque necesitaba el dinero para poder vivir sin apreturas. El colega, además, soportó las jornadas laborales en la redacción de una radio ubicada en la última planta -la 17- de un moderno edificio del centro de Madrid, donde cortaban el aire acondicionado a las 17.00 horas y durante todo el fin de semana. Uno de los jefes tuvo la desfachatez de echarle un rapapolvo por ir a trabajar en pantalón corto y chanclas a aquel horno con ventanas. En la misma cadena de radio el personal se partía de risa -por no llorar- cuando un redactor llevó el documento con los salarios de los empleados encargados de la recogida de basura de Madrid, por entonces en huelga reclamando una subida en sus sueldos. Aquel colectivo cobraba de media -y seguro que en justicia- más del doble que los periodistas que informaban a cada hora de su protesta laboral.
  Hay más. En esa joven redacción una becaria falleció en un accidente de autobús cuando regresaba del fin de semana para incorporarse a su mesa de trabajo. El periódico de la compañía publicó al día siguiente una esquela por indicación de los trabajadores. Dos semanas más tarde llegó a la redacción la factura por la esquela, IVA incluido, para que fuera abonada por los empleados. A pesar de todo, de esa radio salieron excelentes periodistas que hoy triunfan en otros medios de comunicación, gabinetes de prensa de instituciones y empresas privadas.
 Esto son sólo anécdotas si se comparan con los colegas de profesión asesinados por todo el mundo cada año con un bloc de notas en el bolsillo, una cámara de televisión al hombro o una cámara de fotos sobre el pecho. Qué decirles de los que son encarcelados en regímenes autoritarios por contar lo que no deben. El Periodismo es un oficio del que hay que estar enamorados -y mucho- para ejercerlo, porque los sueldos son muy bajos para poder amarlos en la misma proporción. Seguro que pensará lo mismo de su oficio, sea el que sea.
  Los controladores aéreos civiles de los que están informando desde el viernes los periodistas españoles, ya lo habrá leído, cobran en torno a los 20.000 euros mensuales. Y estaban tan estresados y se sentían tan maltratados por el Estado que les paga -o sea, nosotros- que no se les ocurrió mejor forma de quejarse que montando la que montaron. No quiero ni imaginarme cuál hubiera sido su respuesta si el Gobierno les hubiera aplicado un ERE, como a mucho hijo de vecino. Y aunque piden excusas con la boca pequeña, intentan ir de víctimas de un linchamiento.
   Las comparaciones son siempre odiosas y en ocasiones incluso hasta muy demagógicas. Los próximos de la lista en liarla podrían ser los empleados de Loterías del Estado, cuya privatización parcial está sobre la mesa. Sus reivindicaciones se escucharán a buen seguro en el sorteo de Navidad mientras aguardamos el Gordo. Pero no caerán en la tentación de detener los bombos. Ellos, afortundamente, no son controladores aéreos y viven en un mundo real con nóminas y sueldos reales.

1 comentario:

Gueimonde dijo...

Por primera vez desde que sigo tu blog no estoy de acuerdo contigo Ignacio. Como tu dices en tu artículo, hay muchos sectores que estan igual o peor que los periodistas, tanto a nivel económico como a nivel de horarios.En cuanto a las multiples victimas que desgraciadamente se han llevado diferentes conflictos(periodistas, medicos,militares, etc.), creo, y me corregirás si me equivoco, que nadie les había obligado a ejercer su profesión donde la estaban ejerciendo, nadie les puso una pistola en la cabeza y les dijo que fueran a cubrir esa noticia, o ese conflicto. Cada uno tenemos nuestros objetivos, inquietudes y metas, y como mi amor dice:por gracia o por desgracia el que elige ser periodista sabe cuales pueden ser sus destinos y\u obligaciones. Gracias por informarnos cada día Ignacio.