viernes, 28 de enero de 2011

Genios y figuras

Nunca como hasta ahora el humor en televisión había tenido tanto predicamento. Desaparecidos los inolvidables Caiga quien caiga o Genio y figura, con Buenafuente, Wyoming y Motos algo adocenados y repetitivos, los políticos internacionales saltan al prime time para hacernos reír. Ahí tienen a Silvio Berlusconi, un pionero en la materia. Cuando no está dirigiendo Italia, el primer ministro y dueño de las principales cadenas transalpinas llama a los programas de entretenimiento con el mismo impetu con el que una lectora de Diez minutos manda un SMS a Salvame de luxe para dar su opinion sobre la boda sin novio de la Pataky.
  Esta semana, mientras Zapatero arregablaba España y de paso el mundo en Veo 7 y Rajoy se plantaba en el nuevo plató de Star Trek levantado por los de Antena 3, Berlusconi descolgaba el teléfono y entraba en directo como elefante en cacharrería en un programa donde se trataba sobre sus episodios festivos-sexuales, con una prostituta como invitada estelar. Con lo cual se demuestra una vez más que en materia de escándalos televisivos, en España andamos aún en fase de becarios y el nunca creado y siempre anunciado Consejo Audiovisual Estatal puede tardar en crearse. Aquí no hay prisa.

 Al Berlusconi que entra en directo aprovechando su cargo y el teléfono de aludidos, linea caliente que popularizó para mayor gloria el Aquí hay tomate -alumno aventajado del llorado Tómbola-, le ha seguido al otro lado del charco el venezolano Hugo Chávez. El mandatario de la boina roja se ha superado a sí mismo cuando el martes, durante su Aló presidente,  una ciudadana le llamó para quejarse amargamente porque la filial del BBV en el país le había denegado un crédito. Chávez, para el que una cadena de televisión que no le baila el agua es más peligrosa que una delantera de Messi, Ronaldo y Villa con Iniesta y Xavi de pasadores, dio toda una clase de estado bananero de Derecho y se puso en contacto telefónico con el presidente de la entidad financiera de marras para ponerle a caer de un burro y, ya puestos, amenazarle con expropiarle el banco y nacionalizarlo por la vía rápida.
  Pero no se engañen. Mal que les pese a los de la televisión, el medio de comunicación que derriba ahora gobiernos y gobernantes es internet. El manual de la CIA del golpe de Estado perfecto ya no incluye ocupar inmediata y militarmente la cadena estatal de radio y televisión, sino cortar las redes sociales de Internet. Que se lo pregunten a los tunecinos o a los egipcios. Como también la Red derriba presidentes de instituciones, caso de un Alex de la Iglesia al que su afición por Twitter -el sustituto low cost de los jefes de Prensa- le ha allanado el camino para pillar la puerta de salida de la Academia de Cine.  Berlusconi, Chávez y, en menor medida De la Iglesia,  tres ejemplos de que tanta sobreexposición y dosis diaria en televisión e internet no trae casi nunca nada bueno para los personajes públicos con mono de focos.

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