miércoles, 23 de febrero de 2011

23 días de febrero

Nunca el mes más corto del año había sumado tantas noticias de relumbrón. Hoy es 23-F, 30 años del sainete de Tejero en el Congreso de los Diputados, pero aquel intento de golpe de Estado es ahora sustituido -afortunadamente- por los golpes de humor con los que los Buenafuente, Wyoming y compañía recuerdan en la televisión-espectáculo aquel capítulo ridículo y vergonzante de nuestra historia reciente.
  Febrero arrancó, tras la disolución del régimen tunecino, con el adiós del rais Mubarak en Egipto. Ahora andamos a la espera de lo que ocurra con el sátrapa de Gadafi en Libia y con Mohamed VI mirando de reojo a las calles de Marruecos. Aquí se derrocan gobiernos como el que come pipas en una tarde de verano y, de momento, todo indica que Libia puede repetir el papel sangriento de Rumanía en la caída pacífica del comunismo en los países del Este europeo. De un demente como Gadafi se puede esperar cualquier cosa.
   En esto de las revueltas populares en el mundo árabe, Occidente mira con más preoucpación a su bolsillo -por aquello de que intentamos salir de la crisis económica- que a la victoria de la democracia sobre la tiranía de regímenes corruptos. Con Egipto nos preocupaba el canal de Suez como punto de tránsito de los petroleros de medio mundo y, ahora en Libia, prestamos atención a su potencial como país productor de crudo y sus papel clave como suministrador de gas a Europa, España incluida. Por no citar a Bahrein, miniestado que flota sobre yacimientos de oro negro. Para empezar, los sucesos de Egipto, Libia y Bahrein han lanzado el precio de los carburantes en las gasolineras, con el litro superando los 1,30 euros. Ya verá como cuando amaine el temporal a las compañías petroleras les costará lo suyo regresar a las tarifas anteriores.
  Este febrero de 2011 anda intenso de noticias. Que se lo pregunten a Berlusconi y Ruiz Mateos. A Rubalcaba con el caso Faisán o a Griñán con los ERES fantasmas que beneficiaban a otros trabajadores fantasmas. A Alberto Contador, Francisco Camps, Alex de la Iglesia, Bardem y Penélope Cruz o Sharika y Piqué. Mientras, en La Habana, Raúl Castro apura seguro nervioso el calendario en su despacho para finiquitar un mes que no ha sido beneficioso para los regímenes dictatoriales. El pueblo cubano lleva 51 largos años esperando un cambio que ha sido ya palpado en Túnez y Egipto. Todo es posible en febrero. Quedan por delante cinco días para comprobarlo.

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