lunes, 21 de febrero de 2011

Televisiones astronómicas

Hay hazañas que no tienen cabida en el Libro Guinness de los récords, por más que sean dignas de hacerse merecedoras de unas líneas para la historia. Por ejemplo, y que se sepa, desde que hace casi 30 años Euskal Telebista rompió el monopolio televisivo patrio ostentado por TVE, nunca una televisión autonómica ha saldado sus cuentas anuales con beneficios. Y esto es un logro se mire por donde se mire, porque tras el parto vasco los gobiernos regionales han ido aumentando la familia numerosa de canales y aportando cheques-bebé en blanco, periódicamente, para evitar el colapso económico de sus criaturas. Y más aún, ya que estos operadores disponen de doble financiación, esto es, reciben perras tanto del ejecutivo propio como de la vía publicitaria.
   Con la excepción de Cantabria, Castilla y León, La Rioja y Navarra, todas las comunidades se han sumado al tele para todos sin tener en cuenta la factura del café audiovisual. Y, claro, con la crisis a cuestas y el déficit autonómico camino de la cima del Everest, hay quienes piensan que las autonómicas deben ser cerradas y/o privatizadas. El lobby de las cadenas privadas llamado Uteca –posiblemente el grupo de presión más importante del país-, se frota el mando a distancia porque eso se traduciría en más facturación publicitaria para sus negocios, su casi exclusiva razón de ser; no olvidemos que los capitostes de las privadas subrayan sin pudor que hacen televisión con el objetivo de vender espacios publicitarios. Ídem para numerosas televisiones municipales donde, créaselo, existen directores que cobran a final de mes prácticamente lo mismo que el presidente de RTVE, mientras que el ayuntamiento se las ve y se las desea para pagar las nóminas.
 Si aquí con la crisis las cajas de ahorros se reinventan, más pronto que tarde habrá que acometer una profunda remodelación de las autonómicas agrupadas en la FORTA. Porque, unas más que otras, sus pérdidas conjuntas rondan unos indecentes 1.700 millones de euros que sufragamos entre todos para mover un modelo audiovisual que da trabajo directo a 10.000 personas.
   No es muy presentable que algunas autonómicas se asemejen más al holding multimedia global de Rupert Murdoch, con una multiplicación absurda de canales, radios convencionales, emisoras todonoticias, radiofórmulas o portales de internet de lujo. El extinto ente RTVE salió de un pozo de deudas, con un ERE doloroso a cuestas, y las escaletas de sus informativos han dejado de ser altavoces de los acuerdos del consejo de ministros y la agenda del Gobierno. Las televisiones autonómicas se juegan su futuro en 2011 y esquivar esta realidad sería tan absurdo, o más, como aquel médico que envió a casa a un enfermo grave porque no había camas libres ni huecos en la UVI. El paciente regresó pronto al hospital pero ya como cliente de El Ocaso. Los canales de la FORTA andan a tiempo de decidir si se someten a un profundo plan que modifique sus oxidadas estructuras o prefieren mirar la letra pequeña de la póliza de vida y prepararse para lo peor.   


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