lunes, 7 de marzo de 2011

Ética y estética en televisión

Ana Rosa Quintana no lo sabe pero tiene mucho en común con Karl-Theodor zu Guttemberg. Aunque suena a inventor de la imprenta, el tal Karl ha sido protagonista esta semana tras su dimisión como ministro de Defensa alemán. La Quintana no sólo no ha renunciado tras la patética confesión en su programa de la mujer de Santiago del Valle en el caso Mariluz, sino que ha logrado el Premio TP a la mejor presentadora, lo que viene a ser algo así como que Gadafi reciba el Nobel de la Paz o que Ruiz-Mateos sea galardonado por el Círculo de Empresarios. Un sinsentido.
  Karl ha renunciado tras destaparse que plagió su tesis doctoral, aunque ha explicado que el copieteo no fue intencionado. Ana Rosa editó en 2000 un libro sobre maltrato a mujeres titulado Sabor a hiel que era un fraude, con plagios de libro –nunca mejor traída la redundancia- que la presentadora de Telecinco achacó a unos curiosos errores informáticos. Aquello no hundió su carrera sino que la relanzó, en un nuevo ejemplo de que la audiencia, en ocasiones, sí paga a traidores.
  La conductora de El programa de Ana Rosa ha entrado, por derecho propio, en la galería de los horrores de nuestra historia televisiva con el testimonio de la esposa del acusado de matar a Mariluz. Una galería que cogía polvo desde aquella noche en la que Nieves Herrero demostró en Antena 3 con el caso Alcasser que la telebasura nos igualaba con el mundo catódico civilizado. Ambos documentos son piezas de estudio en las Facultades de Periodismo, donde se analiza el caso Watergate como ejemplo del periodismo de investigación, para alertar sobre los peligros de la profesión y el medio televisivo. Todos los periodistas de Telecinco y de la productora de El programa de Ana Rosa que permitieron la emisión de la escena de la esposa del presunto asesino de la niña onubense se saltaron en su día, seguramente, las clases de Ética Periodística y se cobijaron en el bar de la Facultad. El escaqueo no rebaja sus responsabilidades en un atropello que provoca vergüenza y repudio.
   En el entretenimiento en televisión no cabe todo. Ana Rosa, Susana Griso, Mariló Montero, Jorge Javier Vázquez, Mercedes Milá o Jordi González son excelentes profesionales y comunicadores, pero hay que saber decir basta a un pastiche televisivo donde las exclusivas son de medio pelo y el periodismo de investigación se reduce a poco más que pasar un rato frente al ordenador de la redacción buscando en San Google. Si alguno faltó a clase de Ética –incluidos los mandamases de las cadenas- se anda aún a tiempo de pedir los apuntes y evitar otro desagradable estropicio. Las privadas, en todo caso, siguen dando argumentos gratis a quienes defienden una televisión pública fuerte y reclaman un Consejo Audiovisual Estatal.

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