lunes, 21 de marzo de 2011

Prueba de fuego

TVE llevó a gala durante décadas ser la mejor televisión de España. No en vano era la única, que eso siempre ayuda. Lo que son las cosas: han hecho falta la irrupción de la TDT, la fragmentación de la audiencia y la multiplicación de canales para, ahora sí, cumplir con ese irónico título honorífico 55 años después de nacer en un chalecito del Paseo de la Habana. Quienes participaron del alumbramiento rememoran aquello como un milagro que coqueteó con el desastre.
   La tele pública por antonomasia ha sobrevivido a directores generales de todos los colores políticos. Algunos, tras ser ungidos por el dedo del BOE, conocían del medio poco más que el manejo básico del mando a distancia de su televisor. El extinto Ente superó el desembarco de las privadas, una deuda billonaria, el informe del Comité de sabios, una dolorosa regulación de empleo que mandó al desguace el talento de profesionales o las patéticas Noches de fiesta y galas varias producidas por José Luis Moreno. Y ahí sigue, como la cadena más vista de España desde el verano y con unos informativos líderes de audiencia desde hace más de tres años.
   El mandamás de RTVE, Alberto Oliart, ha salido algo rana pese al consenso de su nombramiento, y se asemeja a un jefe despistado en cuyas desafortunadas comparecencias parlamentarias le falta por soltar un “todo lo que ignoro lo aprendí viendo televisión”. Pero, claro, la gente anda mosqueada. Para empezar, porque las pérdidas de 2010 andan por los 65 millones de euros, a pesar de los más de 500 kilos de subvención y ese remedo de impuesto revolucionario que apoquinan telecos y cadenas privadas para arreglar sus cuentas. Una tasa que Bruselas fundirá en negro y declarará ilegal porque es tan incomprensible como ordenar por decreto que Pepsi financie a Coca Cola. Descoloca también comprobar cómo en tiempos de crisis TVE se lleva los derechos de la Champions pagando un cheque de 105 millones.
  Estos charcos mediante, TVE sale reforzada de las dos legislaturas de Zapatero ya que sus informativos no son la evidente correa de transmisión Moncloa-Torrespaña. Sus series de ficción mantienen el sello de calidad y los espacios de entretenimiento no caen en estridencias.  Sin embargo, la prueba de fuego de su independencia comienza a escribirse precisamente ahora, con la campaña de las elecciones municipales y autonómicas y con las generales a la vuelta de la esquina. Los últimos telediarios, eso sí,  parecen tener en promoción a la ministra de Defensa, a la que le hacen gratis su  campaña de postulación como candidata socialista. Quizá porque Oliart también fue ministro del ramo. O quizá porque Carme Chacón es el caballo por el que apuestan TVE-Mediapro-La Sexta, frente a un Rubalcaba adalid de un Grupo Prisa en crisis y sin televisión de cámara.

No hay comentarios: