martes, 29 de marzo de 2011

Un sucesor para Emilio

Los bancos no son precisamente entidades filantrópicas sin ánimo de lucro. Más bien todo lo contrario. Sabido es que no te conceden un préstamo de, pongamos por caso, 25.000 euros si antes no le demuestras fehacientemente que cuentas con alguna propiedad, bien inmueble o efectivo que sume o supere esos 25.000 euros. Eso sí, en tiempos de grave crisis económica el Gobierno español -o sea, usted y yo- ha tirado de chequera y les ha transferido hasta 250.000 millones porque andan algo tiesos por culpa de un descalabro inmobiliario que, durante largos años, llenó sus cuentas de resultados, agrandó los bonus de sus directivos, las retribuciones de sus consejos de administración y a los accionistas de peso.
   Seguramente, sus números no cuadrarán por las baterías de cocina, sartenes, cafeteras y juegos de sábana que nos regalaron durante años por hacerles guardianes de nuestros ahorros a cambio de escuálidos intereses. Desconfíe de una empresa con la que tiene una relación de años y años, que gana mucho a su costa y que ni siquiera le remite una triste felicitación por Navidad y le cobra hasta mísero sello de las cartas que le envía con los extractos semanales.
  A todo eso, este artículo, aunque no lo parezca, versa sobre Emilio Botín, un personaje recurrente. Su próxima tarta de cumpleaños contará con 78 velas pero ahí sigue al frente del cañón. El mismo que pide a Zapatero que cierre su debate sucesorio no se plantea públicamente dejar el sillón del Banco Santander. El bánquero cántabro inició su carrera profesional en el Santander cuando faltaban 11 años para que el hombre llegara a la luna. Ya ha llovido. Es presidente de la entidad tres años antes de que naciera Telecinco y cuando Andrés Iniesta, nuestro héroe del Mundial 2010, llevaba pañales, mantenía el equilibrio sobre sus pies con mucho esfuerzo y esperaba su tercer cumpleaños.
   Botín es el hombre de moda, tanto por los éxitos de su banco cómo por su defensa del presidente del Gobierno. Nada nuevo en el Banco Santander, empresa acreditada por remar siempre a favor del ejecutivo de turno o del inminente inquilino del Palacio de la Moncloa. Un hombre seguro de sí mismo, como se demostró hace 4 años cuando se plantó a pata en la Audiencia Nacional para declarar por el caso de las cesiones de créditos. Su único lunar reciente y conocido se llama Alfredo Sáenz, consejero delegado del Santander condenado por el Tribunal Supremo a tres meses de arresto e idéntico tiempo de inhabilitación por acusación falsa. Su petición de indulto aterrizará más pronto que tarde en la reunión de los viernes del Consejo de ministros. Con Zapatero de presidente. O no.

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