jueves, 28 de abril de 2011

Enrocados

Gibraltar es sin lugar a dudas la constatación de la auténtica y verdadera aldea global del siglo XXI: pese a su reducido tamaño aparece muy destacado en absolutamente todos los mapa mundi editados y las empresas de medio planeta se rifan contar con sede oficial en el Peñón, ya se para escapar de duras leyes fiscales e incluso de códigos penales puntillosos. Estos son nuestros queridos vecinos del bloque de pisos. Esos que pagan con retraso el recibo de los gastos de comunidad -cuando lo hacen- y que andan todo el día protestando por las averías del ascensor y la suciedad de las zonas comunes. Para más inri, son ellos,  indefectiblemente, los causantes de esas averías y de la falta de limpieza.
  Esta semana en aguas de la Roca -esa que según el Tratado de Utrech son de soberanía española- se ha producido el enésimo incidente entre patrulleras de la policía gibraltareña y embarcaciones de la Guardia Civil. Los agentes del instituto armado perseguían a unos presuntos narcotraficantes y los llanitos salieron en auxilio....de la lancha desde la que se lanzaban al mar fardos sospechosos de contener droga. Sí, la viva y chusca imagen de los pájaros disparando contra las escopetas. Todo es posible en las aguas de la bahía de Algeciras cuando entran en acción las patrulleras de la Royal Navy, no en vano Gibraltar siempre ha llevado a gala ser durante siglos tierra cobijo de piratas.
  La primera vez que visité el Peñón, allá por 1986, estrenaba carné de conducir y escapada con los amigos. Al cruzar la verja me acerqué al típico bobby. Bajé la ventanilla de mi Seat Ritmo y le espeté con mi inglés de la Universidad de Kanfort:" Excuse me. Please, the way to te cablecar?", que viene a ser algo así cómo que para dónde tenía que ir para llegar al teleférico que sube hasta lo más alto de la única colonia que resiste en Europa. El policía se aproximó y me respondió en un andalú que ni Curro Jiménez y Falete al alimón: "Mira, shavá. Tira to tieso payá, y en cuantito pase do calle, a la deresha y no tié perdida". La risa floja era la banda sonora en el interior del coche nada más escuchar a un bobby que, si lo pretendiese, podría presentarse a las oposiciones del cuerpo de la policía municipal de Arcos de la Frontera.
  Esa risa floja viaja ahora a bordo de las lanchas de la policía gibraltareña cada vez que otean en el horizonte cercano a las patrulleras de nuestra Guardia Civil. La misma risa floja con la que el embajador británico en España recibe las quejas que sobre los incidentes en esas aguas le remite la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez. Con estos vecinos encoloniados, verdaderamente, no hay quien viva. Encima no pagan la comunidad, nadie se atreve a desahuciarlos y se burlan de nosotros. No importa. Quien ríe último, ríe mejor, aunque no venga contemplado en el Tratado de Utrech.

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