jueves, 14 de abril de 2011

Justicia Duralex

Los '80 tan de moda también nos traen lo peor de esa década. Por ejemplo, la salida de prisión del etarra Troitiño, que se ha pasado a la sombra 24 añitos de los 2.500 a los que fue condenado por al menos 22 asesinatos cometidos durante sus heróicas acciones de gudari con coches bombas y tiros en la nuca. El cabecilla del comando Madrid se subió ayer a un taxi a las puertas de la prisión de Huelva y, si te he visto, sí me acuerdo.
   Porque la televisión, afortunadamente, guarda en sus archívos imagenes dantescas de sus correrías como pistolero y masticador de Goma 2, entre ellas el atentado en la madrileña plaza de la República Dominicana -foto inferior-. Un Troitiño, apueste sobre seguro, que brindará con cava cuando llegue a su domicilio en el País Vasco. Ya lo hizo ayer otro socio de ETA despachado por la caja rápida de la cárcel gracias a una justicia demasiado garantista y que, en caso de duda, pita casi siempre a favor del terrorista.
   Muchos Palacios de Justicia  españoles esculpen en sus frontispicios el lema Dura Lex, Sed Lex -Ley dura, pero ley- que, en casos como el de Troitiño, parece encogerse y quedarse en Duralex, una justicia frágil y de vidrio que sujetos como los etarras rompen en mil pedazos y cuyas finas astillas salpican hoy en la cara a millones de demócratas.Troitiño es sólo el comienzo. En los próximos meses vendrán  más etarras ochenteros que dejarán atrás condenas low-cost.
  Menos mal que no todo está perdido. Ahí está Henri Parot, el sanguinario capo del comando itinerante de ETA, detenido hace ahora justo 21 años en una carretera perdida de Sevilla, mientras se dirigía a la capital del Guadalquivir con un coche cargado y listo con 300 kilos de explosivos. Sin saberlo, nos hizo un favor. La doctrina Parot y un cambio en la legislación adoptado tarde pero bien por el Supremo, provocará que etarras del siglo XXI no se beneficien de árbitros caseros que piten a su favor desde los tribunales. A pesar de la libertad de Troitiño, el partido sigue y, según los cronistas, la Justicia y la razón derrotarán al principal enemigo de nuestra Democracia.

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