viernes, 20 de mayo de 2011

48 horas de mayo

La campaña electoral del 22-M estaba siendo, según todos los analistas, la más tediosa, plana y triste de los últimos años. Ya ve cómo puede cambiar el panorama de la noche a la mañana por las acampadas de la Puerta del Sol y en otras ciudadades españolas aglutinadas por el movimiento 15-M o Democracia Real. Hace ni una semana el PSM reclamaba hasta 1 año de cárcel contra dirigentes del PP por un quítame de ahí esos carteles sobre los que las Juntas electorales no se ponían de acuerdo. Utilizando el mismo rasero habría quizá que pedir cadena perpetua contra los que se salten el acuerdo de la Junta Electoral Central de prohibir manifestaciones para este sábado en plena jornada de reflexión y el domingo con las urnas abiertas.
  Papelón el que tiene por delante el vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior. Rubalcaba posee estudios superiores en situaciones límite ante convocatorias electorales. Las 24 horas previas a a las generales de 2004 fueron su bautismo de fuego y ahora toca de nuevo andar pendiente de sus decisiones. Dando por hecho de que no desalojará a los indignados para evitar una batalla campal, haga lo que haga o deje de hacer, tiene por delante una papeleta clave para que el domingo millones de españoles usen las suyas en paz y sin climas enrarecidos para llevarlas a las urnas. En un año, nuevo papelón a la vista si es finalmente el candidato del PSOE al Gobeirno.
   Los medios de comunicación internacionales siguen, mientras tanto, creyendo que los españoles vamos vestidos de torero por las calles. Si no, no se comprende que comparen la situación actual con las revueltas del mundo árabe, sin enterarse que aquí en buena parte el detonante del descontento son los 5 millones de parados y las graves consencuencias de la crisis económica, y no la falta de libertades. Para cum laude, el diario cubano Granma contando que con la protesta en España se pretende "profundizar en la democracia", un sistema como se sabe muy arraigado en la isla caribeña.
  Como positivista irredento creo en la madurez de los millones de votantes, de cualquier ideología, que el 22-M con su voto demostrarán nuevamente que somos un pueblo con futuro. Quedan por delante 48 horas en las que la democracia saldrá reforzada, como lo está haciendo con las protestas abanderadas por la gente joven. Los analistas escrutarán el lunes no sólo los resultados que obtengan los partidos, sino los movimientos al alza o a la baja del porcentaje de abstención, el número votos nulos y los que se dejen en blanco. También si los organizadores del 15-M y el movimiento se diluyen o permanecen en el primer plano de la actualidad. Algunas de sus propuestas son creíbles, otras muchas utópicas y que pecan de buenismo y candidez. Pero que nadie olvide que la democracia se guía por las mayorías, no por minorías residuales, ya sean de un extremo u otro de la esfera política. Y, eso seguro, seremos testigos de muchas caretas que caerán para vergüenza de unos y otros. Hay que aguardar 48 horas para que el árbitro pite el final de un partido que, confiemos, se guie por el fair-play y no por duras entradas entre jugadores o por bravuconadas al más puro estilo de Mourinho.

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