miércoles, 4 de mayo de 2011

Barça-Madrid judicial

El próximo Barça-Real Madrid se juega y dirime en la esfera judicial y enfrenta al Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, con Bildu como esférico, la Democracia como portería y la ley de Partidos como árbitro. El nuevo derby del siglo de este año concluirá previsiblemente en una tanda de penaltis minutos antes de la medianoche de mañana. El choque, que no podrá ser visto por televisión ni siquiera en pago por visión, se disputará en Domenico Scarlatti, que no es el nombre de un estadio del calcio italiano, sino el de la calle que acoge la sede del Constitucional. Aunque se prevé un marcador ajustado también se intuye que cualquiera de los actores protagonistas pueda presentar, a posteriori, un recurso en el cuartel general abierto por la UEFA ex-profeso en Estrasburgo.
   Desde las sentencia del caso Rumasa y la del Estatut de Cataluña, el Tribunal Constitucional no se había visto en otra igual. Si en la primera su credibilidad quedó por los suelos y en la segunda tuvo que soportar un tsunami de críticas por tardar cuatro largos años en redactar un fallo, ahora dispone de apenas 24 horas para arrojar luz y decidir si Bildu pasa por las urnas o se queda en la orilla de las elecciones del 22-M, como sentenciaron días atrás sus colegas del Supremo por entender que se trata de ETA con piel de cordero.
 Entre el público, los asientos del Gol norte ocupados por el PNV, otros nacionalismos y partidos de izquierda aguardan el 'sí, quiero' del Constitucional. En el Gol sur, los seguidores populares y colectivos de víctimas del terrorismo confían en que el Alto tribunal pare definitivamente los pies a Bildu. Mientras, en las gradas de Preferencia el PSOE no se pone de acuerdo sobre a quién aplaudir y en los palcos de Tribuna el Gobierno se fuma un puro porque no puede perder la compostura, por aquello de la separación de poderes que acuñó un tal Montesquieu.
  El Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional son viejos conocidos -aunque no muy amigos- y entre ellos la competencia es feroz para liderar la inexistente Champions league judicial. Los magistrados de ambos tribunales fueron fichados a golpes de talonario rubricados por partidos políticos. Entre hoy y mañana deben optar entre defender al presidente que los contrató o declarar su amor a la camiseta de la Justicia. El partido ha empezado y nadie quiere ejercer el papel de Mourinho, pero ya se sabe que cuando no se cumplen las reglas del juego hay que ver el partido desde el hotel y no desde el banquillo. Bildu desea saltar al campo y sabe que necesita el fax con el visto bueno que expide el Constitucional, pero los ojeadores del Supremo han advertido en un informe desaconsejando vivamente el fichaje de un jugador ya veterano y para quien el lema juego limpio es sólo un eslogan que se puede patear. 

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