lunes, 16 de mayo de 2011

Se buscan candidatos

A mucho consejero delegado de televisión no le temblaría el pulso para enviar a sus colegas de la competencia de crucero por las costas de Fukushima. Y eso que las caras de los máximos directivos de las cadenas siguen siendo, prácticamente, las mismas que hace una década. Por supuesto, nada de paridad, sino territorio de machos. Cada temporada, a lo sumo, se produce un intercambio de cromos a imagen y semejanza de los fichajes de futbolistas. Ahí tienen al abuelo Vasile, que desembarcó en Telecinco cuando La Sexta, Cuatro y cuarto y mitad de autonómicas apenas alcanzaban trazos de ecografía. Alejandro Echevarría y Vasile forman quizá un tándem perfecto –como Jorge Javier y la Esteban-, con los roles de poli bueno y poli malo cortados a la medida.
   El italiano y José Miguel Contreras, mariscal del sexenio de Mediapro, son los dos bustos parlantes más locuaces y presentes en los medios para pontificar sobre televisión. Posiblemente sean, junto a Mikel Lejarza –Antena 3- y José Ramón Pérez Ornia –TV de Asturias- los que más saben del negocio. En RTVE, que se desprendió hace años de un almirante llamado Juan Menor –gurú de la tele pública y padre de muchos éxitos paridos desde Prado del Rey y Torrespaña-, vegeta un Alberto Oliart al que sólo se escucha en las periódicas comisiones parlamentarias. Poco más conocemos de él, sus presuntos conocimientos televisivos o si anda al tanto de que la UHF se llama La 2. En territorio Forta, aún mucho comisario político pero con tendencia a la baja y, en la oferta múltiple y aún residual de la TDT, demasiado empresario jugando a Ciudadano Kane.
  A un mes vista de cerrar la temporada televisiva, los jefes de la cosa preparan conferencias magistrales en cursos de verano y similares. Todos, ya lo verá, echando la culpa al árbitro y destacando avances de share que en realidad son irrisorios. La televisión en España atraviesa el proceso de trasformación más importante de su historia para acomodarse y ubicarse en una fragmentación de la audiencia que no tiene fin, a la revolución interminable de internet, a la huida del público infantil y adolescente, el boom de las redes sociales y a unos espectadores cada vez más exigentes.
  Los directivos de las cadenas, ante esta delicada situación, han optado descaradamente por no arriesgar y ofrecer el menú de siempre en sus parrillas. La bandera de la regeneración del modelo televisivo busca un porteador que, de una vez, plantee programas y series que sorprendan a una audiencia que desea comer a la carta y gratis, pagando como peaje consumo de spots. No más vueltas de tuerca a realitys insustanciales, raciones de corazón y aluvión de series de ficción clónicas y de cartón piedra. Como en las elecciones del 22-M, hay ganas de cambio.

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