lunes, 30 de mayo de 2011

Series en el diván

Un tal Andy Warhol acuñó que “la inspiración es la televisión” y, también en el siglo XX, un cual llamado Umberto Eco alertó de que no salir en la pequeña pantalla “es un símbolo de elegancia”. Ni el semiólogo italiano ni el artista estadounidense han dado en el clavo en lo tocante al panorama televisivo en España, donde el protagonismo sigue recayendo en una Belén Esteban sentada en un trono que ahora le disputan Paquirrín y Paqui La coles. Todo es susceptible de salir mal, como en la ley de Murphy, en un medio que no surte precisamente de candidatos a los Premios Nobel y los Príncipe de Asturias.
   Durante años, la inspiración y la calidad de la televisión en nuestro país viajó en el vagón de las series de ficción. Desde que Antonio Mercero o Jaime de Armiñán y otros muchos se pusieron manos a la obra en una TVE que, paradójicamente, fue sin saberlo el mayor cobijo de rojos proveniente del mundo cinematográfico en pleno franquismo y durante la Transición. Desde el paritorio de la única, grande y no libre televisión salieron a la luz, hasta bien entrada la década de los 80, las mejores ficciones.
  Con la llegada de las privadas y autonómicas el género se multiplicó y nacieron algunas muy buenas, pero apenas un par con el sello de excelencia: Cuéntame cómo pasó, a pesar de todo y de todos, es la única que camina un paso por delante y no se quema en la parrilla.  Aquí somos un ejemplo a la hora de construir series para jóvenes adolescentes, sitcom como Siete vidas, comedias puras y duras como Aquí no hay quien viva, pero incapaces de pasar a la posteridad catódica con series que le lleguen siquiera al tobillo a las producciones estadounidenses. Además, de nuevo como en la ley de Murphy, la crisis o vete a saber qué o quién, ha rebajado en los últimos años la calidad de las producciones nacionales.
   La industria televisiva española se debe mirar cuanto antes, aunque sea en copago y tumbándose en el diván, el hecho de ser incapaz de parir al menos una que rompa moldes y que traspase fronteras. Que se sepa, y de eso sabe mucho el Dr. House, de momento no es ilegal hacer una autopsia a un ser todavía vivo llamado series de ficción. Los resultados servirán para revitalizar un género que no puede poner en el escaparate como la mejor mercancia productos irrelevantes como Física o química, Piratas, Dr. Mateo, Los quién, Gran reserva, El barco, Arrayán… Sí, están bien empaquetadas y son resultonas, pero en apenas un par de años nadie las guardará en la memoria ni rellenarán más allá de una simple línea en una página perdida de la historia de la televisión en España. Al tiempo.

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