miércoles, 11 de mayo de 2011

Un país a dos velas

El país se llena de ciudadanos miembros a su pesar del Club de fans de Winston Churchill, esos a los que cuesta sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo llegar a final de mes y cumplir con las facturas de luz, agua, calefacción, fijo, móvil y comunidad. Quedan al margen los impuestos municipales, tarjetas, gastos de alimentación y escolares, gasolina, seguro del coche, créditos hipotecarios o de consumo y similares.
  Esta semana se cumple un año ya del ajuste sí o sí aplicado por Zapatero y que contrajo el sueldo de funcionarios y pensionistas. Desde entonces, la economía doméstica despierta cada mañana con anuncios de nuevas subidas en artículos, productos y servicios imprenscindibles para la vida diaria. Algunas razonadas, otras de juzgado de guardia que atacan los bolsillos con premeditación, nocturnidad, alevosía, reincidencia y, también, una pizca de cachondeo.
  Los expertos en sociología no se han percatado todavía, pero en breve sus estudios y sondeos alumbrarán los sectores empresariales y profesionales peor vistos y valorados por los españoles. Controladores aéreos y pilotos de líneas comerciales, maquinistas de trenes y metros, empresas energéticas y telefonia ocuparán, merecidamente, lugares destacados, por encima incluso de políticos corruptos y personajes protagonistas de la caspa televisiva.
  Las susodichas compañías eléctricas, de telefonía e internet y las grandes petroleras optan al cum laude de este ranking nonato. Por méritos y derecho propio. Por tratar a los clientes como súbditos a los que, incluso, se les cobra por comunicar telefónicamente averías o problemas totalmente ajenos a ellos. 
  Endesa ha presentado ya sus credenciales para encabezar esta clasificación. En apenas 24 horas se ha despachado exigiendo nuevas subidas de alrededor del 20% en el recibo de la luz. Su consejero delegado, Andrea Brentman, ha soltado sin despeinarse que "bastaría" con "un par de subidas de tarifa". Horas después, Endesa comunicaba que en el primer trimestre del año su beneficio ha sido de 669 millones de euros, la mitad de los logrados en el mismo periodo del año anterior. Con la economía doméstica por los suelos y las fábricas a medio gas quizá el futuro pase por invertir en velas, tanto para iluminar nuestros hogares como para recordarle al tal Brentman que millones de españoles capean el temporal de la crisis a dos velas.

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