domingo, 8 de mayo de 2011

Un yogurt de 10 millones de euros

La crisis económica no lleva ofertas de trabajo a las puertas de las oficinas del INEM pero si da más curro en las sedes de las oenegés, ya estén vinculadas a la Iglesia católica o a movimientos sociales de todo tipo y condición. Cáritas, por ejemplo, anda desbordada echando un cable en forma de ayuda económica o alimentos a cientos de miles de españoles e inmigrantes a los que la crisis ha golpeado con mayor fuerza. De su prespuesto anual, esta ONG vinculada a los más necesitados -igual que otras muchas- percibe poco más de 8 millones de euros de una  subvención low-cost del Gobierno central.
    Los seis principales bancos españoles, esos que han registrado en el primer trimestre del año un beneficio de casi 4.000 millones de euros, han rascado unas monedas y han aportado a la caja de Cáritas apenas 8 millones. Aunque ya se sabe que los bancos no son entidades filantrópicas sin ánimo de lucro, suena a pedrea de la lotería teniendo en cuenta que sólo esta ONG atiende a más de 800.000 personas en todo el país a causa de la crisis (un 40% más desde 2009). Y el número sigue creciendo.
  Como este artículo rezuma volutariamente demagogia barata, suena a escarnio leer estos días en la prensa que una multinacional del yogurt ha invertido 10 millones de euros en rediseñar el envase de uno de sus productos que vende en España, trabajo al que ha dedicado hasta tres años de investigación en sus distintos departamentos. Por si no tiene la calculadora a mano y es de letras puras, esos 10 millones de euros equivalen a unos 1.600 millones de pesetas. Párese a pensar en qué habría podido invertir cualquier ONG de nuestro país, en las circunstancias actuales, ese montante millonario que ha servido para diseñar un vulgar y anodino envase de yogurt de vida breve y que acaba en la basura. 
  Que con la que está cayendo, la empresa de marras del postre lácteo, saque pecho para publicitar tanto el rediseño como la inversión, debería  de forzar a algunos de sus directivos para imitar el movimiento más conocido de la vida cotidiana de la avestruz. Cada noche, miles de ciudadanos hurgan a su pesar en las basuras de los supermercados que tiran los productos perecederos caducados. Como el yogurt de los 10 millones de euros.

1 comentario:

Gueimonde dijo...

No me cuentes estas cosas que me deprimo Ignacio,se lo hubiera diseñado yo por mucho menos(un año de yogures gratis o algo ASI)

Un saludo