jueves, 2 de junio de 2011

Construyendo caraduras

Antonio acaba de cerrar su pequeño negocio en un barrio de Madrid. La larga crisis económica y la inevitable caída constante de clientela han ayudado lo suyo para poner fin a una aventura empresarial que nació, con esfuerzo, ilusión y un crédito bancario de por medio, hace ahora 10 años. Bajaron los clientes y la caja diaria pero, eso sí, la presión fiscal y las tasas e impuestos municipales subieron año tras año. Es más, para arrimar el hombro ante la calamitosa situación, el Ayuntamiento de Madrid adosó a los gastos fijos del negocio la nueva tasa de basuras. La situación se tornó imposible y no hubo otra que clausurar una pyme que era el único sustento de una familia típica y tópica de la clase media española.
   José, Florentino, José Manuel, Juan Miguel, Luis y Rafael andan también al frente de sus respectivos negocios. A pesar de la crisis, el año pasado sus empresas constructoras -la más importantes del país- lograron un beneficio superior a los 4.500 millones de euros y, la mayoría, mejoró los resultados cosechados el ejercicio precedente,  también 12 meses de durísima situación económica.
  Los seis constructores andan tristes y melancólicos porque una de sus líneas de negocio no marcha viento en popa sino con las velas picadas. Se trata de las concesiones de autopistas de peaje, vías que el españolito medio esquiva cuanto y cómo puede en tiempos de crisis para ahorrarse aunque sea unos euros de sus gastos habituales. Y esto no puede ser. Construidas a principios de milenio por varias zonas del país, las más famosas son las radiales de acceso a Madrid. Cuando se firmaron los contratos de concesión con el Ejecutivo central, antes de las vacas flacas, se pronosticaba un tusunami de coches que ha derivado en autopistas semidesérticas donde no se ve el 80% del tráfico previsto. Como a Antonio y su negocio familiar, los clientes pasan de largo.
 Con el Gobierno a la cuarta pregunta, los seis no han tenido ningún empacho en dirigirse al ministerio de Fomento y exigir una compensación millonaria: "Fomento -sostienen- ha reconocido su responsabilidad", por lo que reclaman el pago de 2.400 millones de euros. Pero tranquilos. Tienen el detalle de aceptar el pago de manera escalonada en entregas anuales a lo largo de las dos próximas décadas. Es más. Para que se vea que son paisanos que arriman el hombro ante las dificultades, proponen al Estado que para recaudar ese montante para sus arcas se esquilme al ciudadano creando peajes a la sombra, colocando peajes en autovías -tipo la M-50 de Madrid- o que se obligue a la tasa de la euroviñeta para el tráfico pesado. Ideas no faltan y siempre con el mismo objetivo: rascar del bolsillo del contribuyente, una especie en extinción a la vista de los casi 5 millones de parados
  Ante el bajón de clientes, Antonio echó el cierre, mientras que José, Florentino, José Manuel, Juan Miguel, Luis y Rafael, no sólo nadan en beneficios, sino que exigen el pago de una factura de 2.400 millones a un Estado tentado por el rescate financiero. Zapatero y su ministro de Fomento ya tienen, aunque la espera ha sido larga, a los antipatriotas que buscaba entre las filas del PP cuando empezó a arreciar la crisis y las críticas el Ejecutivo por su gestión de la debacle económica. En el Casino España, al borde de la bancarrota, con el gerente dando la espantá y con el jefe de seguridad investido de croupier por un dedazo, no es el Gobierno quien gana, sino las grandes constructoras.

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