sábado, 18 de junio de 2011

Estrenando siglos viejos

El tren trae progreso siempre que en la via no tropiece con Bildu, los herederos de Batasuna, o sea, ETA y su entorno pacífico y democrático, que no quieren para su sueño de Euskal Herria el AVE ni nada que se le parezca. Quizá sea que las siglas no le convencen por aquello de que corresponden a la Alta Velocidad Española, pero pueden mutarla por Alta Velocidad de Euskadi y tan panchos. Pero no.
   Castejón es una pequeña ciudad de Navarra a poco más de 75 kilómetros de Pamplona, importante nudo ferroviario del nordeste de España desde mediados del siglo XIX. Cuentan las crónicas que la sociedad conservadora y tradicional de la capital foral no quería por nada del mundo que el tren tocase a la ciudad y que se levantase allí una estación. Si los chicos de Bildu aducen de cara al público motivos medioambientales para negarse al progreso, la sociedad pamplonesa de hace casi 200 años temía -no al ferrocarril en sí- sino la llegada a sus calles de miles de viajeros foráneos con el liberalismo e ideas reformistas como mercancías en sus cabezas y en sus vagones. Por eso, y nada más, las instituciones de la época enclavaron en Castejón durante décadas las estación de tren más importante de Navarra y, hasta hoy, un imporante nudo ferroviario del norte del pais.
  Bildu ha logrado numerosas alcaldías del País Vasco y del norte de Navarra, además de tocar poder en juntas generales y diputaciones gracias a la sentencia in extremis de un Tribunal Constitucional que, visto lo visto con las dimisiones de quita y pon, no se representa casi ni a sí mismo. Los dirigentes de Bildu, quienes de momento no ocultan sus rostros con pasamontañas -al tiempo- ya han desalojado con efectos retroactivos las banderas de España de las balconadas y, ya puestos, prohibido acceder a las instalaciones municipales a los escoltas de los concejales del PSE y el PP. Como siempre, haciendo amigos por las esquinas.
   La presencia de Bildu en las instituciones es un paso atrás que nos retrotae al siglo XX, cuando en las calles del País Vasco campaban a sus anchas los chicos de la gasolina. Su nuevo desembarco en el poder es un ejemplo de que los violentos saben colarse por las rendijas de nuestro Estado de Derecho, un camino que abrieron hace 80 años Hitler y los suyos.  La fin del régimen del PNV en Ajuria Enea, desalojado pacífica y democráticamente en las urnas por PSE y PP, alejaron el terrorismo, ETA y el mundo abertzale radical de las portadas de los medios de comunicación. Ahora han vuelto con la intención de quedarse.
   El verano se prevé caliente con más guerras de las banderas en las fiestas patronales vascas, coacciones a socialistas y populares, disturbios callejeros, dinero público a espuertas para familiares de presos etarras.... El regreso al pasado ha comenzado pero esta vez, más pronto que tarde, el Estado de Derecho hará sus deberes y tapará las rendijas defectuosas. Los magistrados del TC que apoyaron con su voto la presencia de Bildu en las elecciones del 22-M también serán testigos de la nueva victoria de los demócratas. Una victoria de la libertad que viajará a Euskadi a bordo del AVE.

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