martes, 7 de junio de 2011

Sablazos legales

Sospeche, por norma, de las multinacionales que no se quejan. Un ejemplo: las hemerotecas no recogen durante este siglo reivindicaciones altisonantes de las empresas de telefonía móvil, esas cuyas tarifas suelen ser siamesas o primas hermanas en lo concerniente a los SMS y el establecimiento de llamada. Nunca he llegado a entender por qué se cobra el establecimiento de llamada -15 céntimos más IVA, en todas-. Ya puestos, que creen también el concepto 'fin de llamada'  a ver si cuela entre el personal. O la razón de que exista, sí o sí, eso del consumo mínimo obligatorio y que nadie proteste.
    Entre los fabricantes de coches, valga el paralelismo traído por los pelos, el equipamiento de sus automóviles de serie incluye desde hace años en las versiones medias aires acondionados, climatizadores, airbags, ESP, cierres centralizados, elevalunas eléctricos, bluetooth, radios con MP3 y toda una parafernalia de artilugios vanguardistas. Sin embargo, la pintura metalizada -desde tiempos inmemoriales- se abona como extra aparte te pongas como te pongas. Incomprensible pero real.
   La palma de lo indescifrable descansa en el recibo de la luz. Paco Lobatón prosigue en la tarea de dar con el paradero del abonado que tiene en propiedad su contador de la luz, ese por el que las eléctricas cobran un peaje anual de alrededor de 7 euros prácticamente al 100% de su clientela. Cantidad irrisoria que se pasa mensualmente en concepto de "alquiler de equipo de medida" pero que, atendiendo a los 15 millones de hogares, arroja una cantidad anual que sobrepasa los 100 millones de euros para las empresas del sector, esas que lloran por la esquinas al Gobierno reclamando subidas y subidas hasta finiquitar el llamado déficit tarifario.
   Si las operadoras de telefonía te endosan el consumo mínimo mensual, las lentejas de las compañías de la luz se denomina 'potencia contratada', esa que te endiñan irremediablemente además del consumo real de kilovatios/hora. La eléctricas se defienden en el recibo de la luz, ese documento paradójicamente repleto de oscuridad, explicando que la mitad del dinero que deben aflojar los abonados proviene de una retahila impuestos a cada cual más desconocido.
  A este paso, no descarte que en las gasolineras el surtidor le sablee unos céntimos de euro al repostar en concepto de "alquiler del equipo de medida" por contar los litros que echa al depósito o que sigan la iniciativa las carnicerías, pescaderías y  fruterías por utilizar sus básculas. Todo es ponerse. Eso sí, a nadie se le pasa por la cabeza articular o alumbrar un pago, descuento, desgravación, subvención o similar -por pequeña que sea-, a esos millones de españoles civilizados que reciclan absolutamente todo en los contenedores: pilas, basura orgánica, plásticos, papel, vidrio, cartón, aceites...Aunque sean 60 céntimos mensuales por hogar, la misma cantidad que cobran las eléctricas por alquilar sus equipos de medida, muchos instalados en época de Edison. Eso no pasará nunca en España, el único imperio donde -por lo visto- nunca se pone la crisis.

1 comentario:

Gueimonde dijo...

¡¡SOMETIMES La ignorancia es buena!!