lunes, 25 de julio de 2011

Empleado del mes

El Gobierno de Zapatero ha vendido machaconamente su reforma de RTVE como una de las joyas de su gestión durante una legislatura, cuyo fin, ni Rubalcaba ni Rappel se atreven a pronosticar. Como en la ley de Murphy, todo lo que es susceptible de ir mal, empeora. Es el caso de la política audiovisual del ejecutivo y de la radiotelevisión pública por antonomasia, cuya ley de 2006 ya es considerada como vieja, defectuosa e incompleta. Tras dos presidentes a la fuga, Luis Fernández y Alberto Oliart, el consejo de administración de RTVE ha parido una ocurrencia digna de estudio para generaciones futuras y que no mejoraría ni Gila en sus buenos tiempos: a la vista de que es imposible el consenso para el nombramiento parlamentario de un nuevo jefe, qué mejor que convertir el cargo en rotatorio, con periodicidad y caducidad mensual. Lo que lee. Pero no se vaya, que aún hay más y mejor.
   Los once integrantes del consejo del fenecido ente público han acordado por sorteo –sí, sí, por sorteo, como en el bingo, el reparto de viviendas de VPO o los recordados mozos para la mili- quién de los once es el primero en ocupar el despacho de mandamás. Espere, que no acaba aquí el parto de los montes. Tras el primer presidente por accidente, el segundo y los sucesivos se irán incorporando al contrato precario mensual en función del orden alfabético de sus apellidos. O sea, que hasta que dure el experimento podremos, como en los McDonald’s, nombrar al empleado del mes y colocarle el reconocimiento en la solapa del traje de faena. Como guinda, el presidente carecerá de carácter ejecutivo –porque lo impide la normativa legal- y su responsabilidad será sólo de gestión. Es decir, sí pero no: un máximo responsable de RTVE por sorteo, con fecha de salida y sin capacidad para tomar decisiones por sí mismo. En los despachos enmoquetados de las cadenas de la competencia se descuajaringan de risa. No es para menos
  En Prado del Rey y Torrespaña no se merecen un culebrón como éste con olor a interinidad en tiempos de crisis, una etapa en la que hacen falta ideas nuevas y arriesgadas, no pastiches. Ahí está la BBC con un nuevo ejemplo, al proponer colocar en pantalla la carta de ajuste de madrugada en su programación para ahorrar costes.
   Quizá estas cosas tan extrañas en RTVE ocurran por haber dejado meter mano en la redacción de la ley de 2006 a demasiadas personas con despacho en cadenas privadas, empresas de comunicación y productoras. No se preocupe, la radiotelevisión pública saldrá de ésta. Siempre ha sido así, aunque La 1 tenga que abrir otra travesía por el desierto como segunda cadena más vista de España. El veranito de liderazgo de Telecinco ya no tiene, por desgracia, vuelta atrás

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