domingo, 17 de julio de 2011

Imperios de papel

Julio, se mire como se mire, no es un buen mes para los imperios periodísticos. Hace ahora cuatro años fallecía Jesús de Polanco -según escribían en Prisa- y también Jesús Polanco -según escribían los periodicos de la competencia-. Dos nombres para una misma persona, la que montó desde su posición de favoritismo en el franquismo, gracias a la editorial Santillana y los libros de texto, la primera empresa democrática española de medios de comunicación. Prisa vivió su etapa dorada durante el felipismo y también, paradojas del destino, durante el aznarismo. El zapaterismo le dio un puntapié cariñoso que fue la puntilla en tiempos precrisis para cobijarse en el nido de Roures y Mediapro.
   Si en EE UU cuando General Motors estornuda la Casa Blanca se constipa, en el periodismo hispano la enfermedad de Prisa ha dejado tiritando, a dos velas y con un futuro incierto a miles de profesionales de la información y a un número similar de currelas del otrora poderoso grupo. El País, como el país, ya no es lo que era. Y todo por culpa de una crisis que echó a andar tras el verano del 2007 y que sigue sin tomarse vacaciones.
  Hace unos días moria en Alemania Leo Kirch, coetáneo de Polanco y como éste dueño de un holding multimedia llamado Kirch Media. Una compañía que nadó en la abundacia durante décadas y que, corruptelas y amiguismo político mediante, quedó reducida a cuarto y mitad, entre otros motivos, por haber pagado cantidades exorbitantes por derechos deportivos que nutrían sus canales de pago. Seguro que la música y la letra suenan en los cuarteles de Mediapro, en lo que queda de Sogecable y en la lápida de Vía digital.
  El obiturio de Kirch se publicaba junto a las páginas del harakiri empresarial de Rupert Murdoch, el magnate australiano/estadounidense de la aldea global. El escándalo de las escuchas telefónicas de los periódicos sensacionalistas británicos de su propiedad, con el News of the world y el The sun como estandarte de las alcantarillas de la prensa, todavía no se lo ha llevado por delante. Los tabloides de las islas eran y son -junto al germano Bild y sus sucedáneos- el ejemplo palmario de lo que no es periodismo pero que se vende en los quioscos como periodismo. Es -para entendernos- como si La noria o Sálvame se comparan con La clave porque se emiten por televisión, cuentan con invitados, existe un debate y un moderador de por medio.
  Murdoch se hizo con el control del News of the world en puja con su rival Robert Maxwell, otro patrón del periodismo mundial fallecido en extrañas circunstancias cuando navegaba una noche de 1991 por aguas de las islas Canarias. Aquí sólo ya aguanta en su puesto como mandamás multimedia el italiano Silvio Berlusconi. Polanco, Murdoch, Maxwell y Kirch -se ha repetido siempre- quitaban y ponían presidentes presionando desde sus portadas de papel. Berlusconi ha resultado el más listo de todos al llegar a primer ministro y resultar indemne. De momento.

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