jueves, 21 de julio de 2011

Sociedad General de Atracos y Estafas

La SGAE y los controladores aéreos, y no necesariamente por este orden, guardarán pocos recuerdos gratificantes de los últimos 12 meses. Si necesidad de reclamar al CIS una encuesta, la Sociedad General de Autores y Editores y los encargados de vigilar el tráfico de aviones se han ganado a pulso, por derecho propio, haberse converido en los colectivos que menos fervor y muestras de cariño y simpatía levantan entre la sociedad española. Por supuesto, con un accésit y puesto de honor en la misma lista negra para los servicios de atención al cliente de las empresas de telefonía móvil.
   Que los controladores aéreos son una casta donde los jetas juegan con ventaja, ya lo sabíamos. Por eso no nos sorprendió que se tomarán el día libre -aduciendo problemas de salud- y provocaran el cierre del tráfico aéreo del país justo cuando arrancaba el pasado puente de la Constitución. En un país donde a todo hijo de vecino se le ajusta a la baja el sueldo o, directamente, es puestos de patitas en la calle, los controladores reclamaban nóminas a la altura estratosférica por la que viajan los aviones que vigilan en jornadas laborales de ensueño.
  Lo de la SGAE nos ha pillado con el pie cambiado. Una sorpresa en toda regla. Tampoco hace falta solicitar al CIS un sondeo para afirmar que la caída en desgracia de su cúpula directiva, enfangada por un caso de corrupción, ha sido encajada con felicidad y buenos ojos por el 99,9% de los españoles. El 0,1% restante corresponde a compatriotas residentes en el exterior que no han podido responder a la encuesta y a la familia de Teddy Bautista, mandamás de la SGAE al que traté superficialmente durante varios años. No en vano, era uno de los destinatarios de los artículos de este blog de actualidad.
   Lo peor del caso SGAE no ha sido que el juez les hallan pillado con el carrito del helado, sino que los herederos de Bautista pretendan seguir al frente del chiringuito como si aquí no hubiera pasado absolutamente nada. La institución cuyos inspectores han perseguido con saña a los organizadores de bodas, bautizos y comuniones, conciertos benéficos, obras de teatros escolares... y todo aquel acto donde sonara o se silbara una triste canción para hacer caja merece, por dignidad, elegir una nueva cúpula directiva que la lleve, al menos, a poner las bases de una institución más humana. Una SGAE sin ánimo de lucro, sin ánimo de pérdidas y sin ánimo de cobijar a jefes sin escrúpulos donde prime el todo por la pasta.
PD. En la fotografía, solicitud cursada por Francisco Franco en 1964 para ingresar en la SGAE como socio.

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