lunes, 1 de agosto de 2011

Corazones de alquiler

Hace ahora 20 años cerraba en España, tras una vida fugaz de apenas cuatro meses, el diario Claro, el único tabloide sensacionalista que intentó desembarcar en los kioscos. El fiasco dejó también sin trabajo a la rotativa que proyectaban instalar en El Puerto de Santa María para imprimir su edición andaluza. Suerte casi idéntica corrió Onda corazón, la emisora del grupo Zeta sobre famoseo nacida en el año 2000. El fracaso estrepitoso de la crónica rosa en la prensa diaria y la radio se contrapone con el éxito de las revistas y los programas del corazón.
  Del Bla, bla, bla de Amilibia en el pleistoceno de TVE saltamos a la revolución que desató en 1995 en Telecinco el ¡Qué me dices! o las sacudidas telúricas provocadas desde 1997 por Tómbola de Ximo Rovira en las autonómicas. La tele rosa, que parecía iba a ser la moda pasajera en un medio tan antropófago y cambiante como el audiovisual, llegó para quedarse. Los espectadores españoles cursaron un master en la materia desde la franja matinal hasta el late night que cerraba Sardá impartiendo sus clases magistrales desde el púlpito de Crónicas marcianas. Llevamos –y lo que te rondaré morena- casi dos décadas con el tsunami de crónica de famosos y aspirantes a serlo salpicando a unas cadenas y creando en otras, caso de Telecinco, un chapapote que no se despega de su parrilla ni aplicando Zotal a discreción.
   Las revistas del cuore y los programas de televisión se retroalimentan de la misma forma que los reality surten de contenidos y por el mismo precio –o sea, gratis- al resto de productos de entretenimiento de la cadena. Con una crisis económica que arrancó hace cuatro años y que anda reacia a tomarse vacaciones, la tele rosa seguirá conquistando a corto plazo las programaciones de los canales. Porque, a pesar de los contratos millonarios de presentadores e invitados, no hay nada más barato en televisión que la crónica del famoseo. Los informativos salen por un pico, el fútbol por un pastón, las series ni te cuento y los concursos de campanillas –con la excepción del eterno Saber y ganar- por un pastón similar al que entregan al ganador de turno. A la vista de que la publicidad sigue siendo infiel a la televisión y se ha echado a internet como amante, algunos directivos no se estrujan las meninges para producir barato y atraer a la audiencia con el palo del corazón y la zanahoria de presuntos e interminables escándalos sexuales. De momento la victoria, por goleada, se la apunta Telecinco. Julio ha sido su segundo mes consecutivo como cadena más vista gracias a Isabel Pantoja y su hijo Kiko, Aída Nizar y Belén Esteban, los afortunados de una televisión de saldo y en crisis en un país que coquetea con el colapso.

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