domingo, 14 de agosto de 2011

Historias de la Televisión

La televisión no tiene memoria. Al menos en España. Si necesita información o investigar con seriedad sobre el principal medio de comunicación –de momento, con permiso de Internet - no encontrará ningún organismo público o privado donde consultar hemerotecas o videotecas sobre el nacimiento y el desarrollo de la tele española: desde programas o retransmisiones históricas de los años 60 a series y espacios de este siglo de públicas, autonómicas y privadas. Hay museos dedicados al vino, la radio, la alpargata, el traje, el calzado, puede que a la mosca del vinagre, pero no uno dedicado completa o parcialmente a la televisión. En EEUU, por supuesto, sí lo hay: el Newseum, enclavado en Washington DC. Así que, paradojas del destino, no tendrá más remedio que buscar en San Google o plantarse en la capital estadounidense si quiere conocer a fondo el ADN, pasado, reciente y actual del electrodoméstico al que los españoles dedican más de cuatro horas al día.
  La historia del medio reposa en otros lugares. El cine patrio, con la excepción de Historias de la televisión (1964,) no ha sabido reflejar las entrañas de una tele que echó a andar hace más de medio siglo. Este mes, la película Amigos ha basado su argumento en los reality shows pero el resultado ha sido penoso. Los mejores largometrajes sobre el invento del escocés Baird hay que buscarlos en la factoría de Hollywood con Network, un mundo implacable (1976) dirigida por Sindney Lumet, Al filo de la noticia (1987) con William Hurt, Quiz show (1994) de Robert Redford, El show de Truman (1998) con Jim Carrey y en –pese su lentitud exasperante- Buenas noches y buena suerte (2005), de George Clooney. Y poco más que rascar y que merezca de verdad la pena. Lo que no es poco.
   En la edición de libros sobre tele en España, un erial si se busca calidad y amenidad. Las dos biblias catódicas por excelencia sobre la materia nos llevan a El libro gris de TVE (1975), de Manuel Vázquez Montalbán, y las Historias de la TV en España firmadas en 1993 y 1994 por Josep María Baget y Lorenzo Díaz. Hasta hace unos años se editaba, gracias a Geca, una joya titulada  El anuario de la televisión. Una maravilla de libro al que las cadenas, especialmente Telecinco y su dirección, dejaron morir incomprensiblemente sin mover un dedo. Se trataba de una radiografía perfecta de la televisión en España: tendencias, audiencias, formatos, entrevistas, datos y más datos…y, además –de ahí que quizá esculpiese su propio epitafio- con una exactitud e independencia irreprochables.
  Winston Churchill acuñó aquello de que “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”. En nuestro caso, “los países que no conocen la historia de su televisión está condenados, irremediablemente, a repetir sus peores programas y presentadores”.   

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