martes, 16 de agosto de 2011

La filosofía con televisión entra

Si le gustan las series de televisión y/o la filosofía –no necesariamente por este orden-, aquí tiene recién salido del horno su libro para el verano: Manual de Filosofía para la pequeña pantalla. Santiago Navajas, profesor de filosofía en un instituto cordobés y crítico cultural, se atreve a recorrer las series más relevantes y analizar sus argumentos desde una novedosa perspectiva.

-Ofrezca, al menos, un argumento sólido para apagar la televisión y ponerse a leer su libro
Todo lo contrario. Animo a ver cualquiera de las series que comento, con mi libro en una mano, hojeándolo, y el mando a distancia en la otra, para ir de capítulo en capítulo. Seguro que el lector/espectador es multitarea y la televisión y los libros son complementarios.
-¿Qué descartaría Descartes de la televisión actual?
A Descartes le encantaría una serie como The Walking Dead con los humanos convertidos en zombis al fundírseles la glándula pineal que es donde situaba el filósofo francés el contacto entre el alma y el cuerpo.  Hoy escribiría las Reglas para el visionado de la televisión.
-¿Son los programas del corazón y su millonaria audiencia la versión contemporánea del mito de la caverna de Platón?
Sin duda, pero Platón proponía como solución la tutela paternalista y censora por parte del Estado mientras que yo abogo por una política liberal que respete la autonomía del espectador al tiempo que se promueve una educación audiovisual que hoy es inexistente en España.
-Confirme razonadamente que la televisión no es el anticristo como algunos dan a entender.
Parece que el nuevo anticristo es Internet y Google su Profeta.  También Platón abominaba de la escritura, ese invento del demonio que nos harían tener más información pero menos sabiduría. Paradójicamente, escribió hasta hartarse. Como los libros o Internet, la tele se limita a hacer más tontos a los tontos y más inteligentes a los que ya lo son. El desafío, insisto, está en la educación de las imágenes desde la infancia.
-¿Debería ser considerado pecado venial o infidelidad seguir las series de televisión por internet?
¿Se pueden ver por otro sitio? No lo sabía... Ya en serio, Internet ha sido un multiplicador cultural poderosísimo y lo seguirá siendo en el futuro. Fundamentalmente promovido por un movimiento globalizado, espontáneo, colaborativo y sin ánimo de lucro. La industria audiovisual que no se adapte a este mercado desaparecerá. ¡Bienvenidos capitalistas del siglo XX al capitalismo del siglo XXI!
-Un arquitecto acuñó que la televisión es chicle para los ojos. Sin embargo, la crisis creada por el boom inmobiliario ha disparado el consumo de TV en España. ¿Es la tele el refugio de la crisis, incluidos los arquitectos desempleados?
Estoy de acuerdo, es chicle pero en sus mejores momentos chicle de alta cocina, chicle diseñado y amasado por tipos con la ambición intelectual y el riesgo formal de Ferrán Adriá.  Las mejores golosinas visuales de la televisión perdurarán mucho más tiempo que la obra de determinados intelectuales estreñidos.
-¿Qué corriente filosófica aconsejaría leer al jefe de Telecinco, Paolo Vasile?
La filosofía televisiva de Telecinco es excesivamente utilitarista y pragmática.  Ahora bien, cada país tiene la tele que se merece.  No creo que sea un problema de oferta sino de demanda. Al final el que decide no es Vasile sino sus espectadores.  Como italiano que es imagino que ha sustituido la ‘razón de Estado’ de Maquiavelo por su propia ‘razón de Televisión’.
-¿Y a su gallina de los huevos de oro, Belén Esteban?
Belén Esteban parece un personaje de Arniches, chulesca y castiza, redicha, ordinaria pero también muy sentimental, es el ideal platónico de la maruja española al tiempo que su caricatura.  Estaría magnífica como personaje invitado de Nip/Tuck o de una película del primer Almodóvar o del último Bigas Luna.
-¿Qué filósofo haría un buen papel como presidente de RTVE para cortar las polémicas partidistas?
RTVE es uno de esos estrafalarios remanentes que nos quedan de la cultura franquista, como la bombona naranja de butano o las cacas de perro en las calles. Tiene estupendos profesionales que hacen magníficos programas pero finalmente la tentación manipuladora de nuestros políticos latinos les puede. Habría que privatizarla junto al resto de televisiones autonómicas. Si tuviera que endosarle al marrón a algún filósofo sería a Javier Gomá, un hombre que combina la sabiduría con la prudencia, el conocimiento teórico con la capacidad en la gestión.
-¿Cambiaría Educación para la ciudadanía por Televisión para la ciudadanía?
Estaría bien una Educación para la ciudadanía a través de la televisión,  Ética con los Simpson, y Política con El ala oeste de la Casa Blanca, por ejemplo.  George W. Bush detestaba ambas, lo que es un argumento a mi favor (aunque sea una falacia ad hominen)  Seguro que a Hugo Chávez tampoco le hacen ninguna gracia.
-Los Simpson acaban de llegar  en EE UU a su capítulo 500 y Antena 3 va por la repetición un millón, aproximadamente. ¿Cómo se explica que el público español no odie a Homer y su familia?
Sí hay españoles que odian los Simpson, mi madre sin ir más lejos.  Conozco a respetables padres de familia que no dejan que sus niños vean la serie de Gröening. Lo que me parece un error porque el encanto de lo prohibido no solo no es discreto sino que es embriagador.  Todos tenemos un poco de Homer, de Bart, de Lisa... de Montgomery Burns.
-Si tuviera que hacer un casting para Rubalcaba y Rajoy, ¿en qué serie y personaje encajarían?
Sospecho que ellos se contemplan a sí mismos como dos glamurosos, incisivos y complejos políticos de El ala oeste de la Casa Blanca, envueltos en la erótica del poder y el desafío de la Historia, pero yo me los imagino más bien como los incompetentes y trepas burócratas de Yes, Minister, la comedia satírica sobre el mundillo político de la BBC.
-¿Pagar por ver televisión debería ser considerado un acto de masoquismo?
Lo que sería un acto de terrorismo por parte del Estado es obligarnos a pagar una cuota para sostener la televisión pública. Ese día tiro la mía por la ventana. Aunque ya la pagamos vía impuestos... No me importaría nada pagar por la HBO como no me importa nada pagarle a Amazon para descargarme los libros que yo quiero al Kindle.  Masoquismo sí que es tragarse diez minutos de anuncios.
-¿Qué series de ficción merecerían llegado el caso la protección de la UNESCO? Incluya, aunque sea por patriotismo, alguna española.
Retorno a Brideshead, Twin Peaks, The Wire, Los Soprano, El ala oeste de la Casa Blanca, Yes Minister, Riget, Los Simpson, South Park, Seinfeld.  Por patriotismo... guardo un buen y difuso recuerdo de Los camioneros y Anillos de oro.
-¿Cuál es el problema filosófico que más suelen abordar las series?
Pues el mismo por el que le han dado el Nobel a Vargas Llosa: la cartografía del poder.  Ya sea El ala oeste..., Los Soprano, The Wire o South Park, la cuestión de fondo es quién manda aquí.  Una cuestión que se retrotrae al dilema maquiavélico, y posteriormente kantiano y foucaltiano, sobre si para ejercer el poder es mejor inspirar miedo o amor.
-¿Qué es más difícil: ganar el euromillón, firmar un contrato indefinido o ver a un filósofo en televisión?
Si consideramos a los científicos ‘filósofos de la naturaleza’, como rezaba el título de Newton, por ejemplo, Eduard Punset saca todas las semanas al menos uno. Pero es cierto que al formato televisivo le van mal las parrafadas y las frases subordinadas que hacen las delicias del filósofo habitual. Por eso, la tele es el reino de los sofistas, deslenguados y aforísticos, los filósofos a los que tanto detestaba Platón.
-Permítame el chiste fácil para poner la carta de ajuste de esta entrevista. ¿Usted ve la televisión, luego existe?
El problema es que nunca he salido en televisión ni siquiera quince minutos, así que como diría Andy Warhol, ese artista-sofista, no estoy muy seguro de mi propia existencia.  No hay más que comprobar lo contenta que se pone la gente cuando se ve en la pequeña pantalla.  Parecen pensar que después de todo, efectivamente, si salen por la tele es que existen.

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