lunes, 29 de agosto de 2011

Pendientes de un calvo

 
La temporada televisiva 2011/12 arranca esta semana y el panorama no pinta demasiado bien, para qué nos vamos a engañar. Con la crisis económica trasladada con todo su esplendor a la inversión publicitaria en las cadenas, éstas se las ingenian como buenamente pueden para vender como nueva una mercancía que ya ha pasado por los estantes de las parrillas de la programación. La falta de presupuesto en los operadores no tiene porqué significar una escasez de talento en formatos y programas, aunque lo que se anuncia para los próximos meses en las distintas cadenas va por el camino de los equipos amarrateguis y que plantan el autobús frente al portero: pocos estrenos de campanillas, cuarto y mitad de reciclaje de programas, mismas series, intercambio de cromos-presentadores  y nuevas ediciones de realitys de éxito. Por supuesto, idéntico menú de programas del corazón, que salen barato aunque se ofrezca garrafón.  La temporada viajará, salvo un volantazo inesperado, hacia una transición en espera de tiempos mejores.
   TVE, que bastante tiene con encontrar más pronto que tarde un presidente que no sea interino, intentará con las armas de siempre recuperar el liderazgo de las audiencias arrebatado antes del verano por Telecinco y su tropa de frikis. Antena 3 y La Sexta, como Pimpinela, continuarán con su relación de amor imposible hacia una fusión inevitable. La cadena de San Sebastián de los Reyes, mientras tanto, hará demasiado si logra poner un torniquete a su pérdida de audiencia y arreglar unos informativos que no despegan. En el operador de Mediapro, más deporte y humor, recetas infalibles en tiempos de crisis. Cuatro tratará, por su parte, tomar una identidad propia volatilizada tras la absorción de Telecinco, cadena que –no lo dude- exprimirá su show de corazón y telerrealidad hasta decir basta. Entre los canales minoritarios, evitar a toda costa entrar en el cementerio TDT inaugurado por CNN+ y Veo7. En Canal Sur TV y el resto de la Forta, aguantar la crisis sin arriesgar.
   Una crisis que avanzó en la televisión Clive Arrindell, el calvo de la lotería que logró una merecida fama desde 1998 y hasta 2005 con los añorados spots del Gordo de la Navidad. El actor británico se quedó sin trabajo en la pequeña pantalla allá por diciembre de 2006, cuando ya se rumiaba el inicio de la crisis económica mundial. Quizá su improbable regreso para repetir como protagonista del anuncio de Loterías para las próximas navidades sería la señal que muchos esperan para despedir cuatro años largos de vacas flacas y , como en el spot de El Almedro, dar la bienvenida a una recuperación que todos –también la televisión- desean que vuelva cuanto antes para quedarse.  Si es esta Navidad, mejor. Mientras, que la suerte nos acompañe durante esta larga espera frente al televisor.

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