martes, 2 de agosto de 2011

Prórroga eterna

Nunca la interinidad de un Gobierno había sido tan eterna. Además, en el peor momento posible, con los mercados financieros internacionales cañoneando a nuestras bolsas y una prima de riesgo que mejor no ver. La conjunción planetaria Obama-Zapatero se ha sustanciado con años de retraso en este inicio del mes de agosto, con uno salvando los muebles in extremis en el Congreso para evitar la suspensión de pagos y el otro adelantando elecciones pero alargando como el chicle la legislatura de la crisis. Dos protagonistas, ayer, de un batacazo sonoro de sus bolsas, con EE UU cerca del precipicio de la recesión y a España implorando un 'virgencita que me quede como estoy'.
 Quedan casi cuatro largos meses de verano y otoño para que los españoles acudan a las urnas. Más de 100 días de calendario tirados a la basura por un presidente del Gobierno que ha tenido en sus manos la opción de reducir el suplicio y la agonía, al menos un mes, colocando las generales en octubre. Rubalcaba, Rajoy y sus equipos de campaña van a tener de todo menos un verano tranquilo. En la guardia de corps para el 20-N del candidato socialista llama la atención la presencia de Gaspar Zarrías, el incombustible perro de presa de Manuel Chaves, un personaje de la fauna política andaluza que vivió su gloria wharholiana con aquella recordada foto que le cazó en el Senado votando con los pies-literalmente- ante la ausencia de un compañero de filas.
  La precampaña echa a andar con el PP a 14 puntos de distancia del PSOE en intención de voto. Rubalcaba, ante esta perspectiva, tiene mucho que ganar y muy poco que perder. A buen seguro que apostaría, hoy mismo, por aquella "dulce derrota y amarga victoria" con la que los socialistas saludaron el pírrico triunfo de Aznar en las generales de 1996.
  El 20-N -uno no quiere ni pensar qué hubiera pasado si un presidente del Ejecutivo popular hubisese designado esa fecha  para un proceso electoral- las urnas traerán un nuevo Gobierno. La razón y la cordura apuestan porque los españoles den una victoria cómoda y suficiente a uno de los dos candidatos favoritos. El país, más que nunca -y de paso los mercados financieros- necesita visualizar a un triunfador y a un líder con margen suficiente de maniobra para formar un Gobierno fuerte que marque, de una vez por todas, el rumbo de una recuperación económica a la que llegamos, como siempre, con retraso. Mientras, seguimos disputando los minutos de la basura de una legislatura en la prórroga que se hace insoportable y eterna.

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