lunes, 26 de septiembre de 2011

Manifestantes invisibles y mudos

No lo ponga en duda: antes le tocará el bote del Euromillón que ver en España una huelga de periodistas, ya se dediquen a prensa, radio, televisión, internet o gabinetes de prensa. La 10, de Vocento, echa la persiana y se suma a la lista de canales que pierde la batalla del mando frente a la crisis económica,  la fragmentación, el desplome de la inversión publicitaria y, también, un plan de negocio, si no serio, al menos con algo de solvencia.
   Las turbulencias televisivas no amainan en un terreno abonado para sorpresas en una temporada que no ha hecho más que comenzar. La boda de Antena3 con La Sexta, un matrimonio de conveniencia y de penalty entre la cadena de Planeta y la de Mediapro, llegará más pronto que tarde, a imagen y semejanza de la forzada pareja de baile Telecinco-Cuatro. Ya se sabe que lo que une el dios dinero en tiempos de vacas flacas no lo puede separar ni el hombre. Aunque la fusión se vista de seda, absorción se queda, y pondrá en liza a un duro competidor en el campo de juego televisivo frente a las huestes de Mediaset-Telecinco y una TVE que sigue a lo suyo, más pendiente del cambio que le aguarda si hay nuevo inquilino en Moncloa tras el 20-N.
  Antena 3 acaba de dar un golpe de efecto que le puede traer grandes réditos de imagen y audiencia. El cierre de Dónde estás corazón supone cortar el grifo de la crónica del corazón en el estandarte audiovisual de Planeta y dejar a Telecinco sola en el cuadrilátero de la mal llamada telebasura. Antena 3, todo así lo hace indicar, busca un nuevo sitio y una nueva identidad de la que ha carecido durante los últimos años. Lo necesita y lo merece, porque actualmente se mueve en una cuota de pantalla prácticamente idéntica a la que lograba hace ahora dos décadas, en 1991, cuando llevaba apenas un año en el mando.
 El esperado enlace Antena 3-La Sexta coincidirá con la fin de la era Zapatero, un presidente que firmó prácticamente de testigo y ejerció de padrino en el bautizo televisivo de la cadena verde. El canal resultante, si la cosa no termina antes como la relación discográfica de Pimpinela, supondrá también una disminución de la pluralidad informativa, ese término difuso que siempre salta a escena cuando el gobierno de turno concede licencias a empresas amigas. También traerá consigo –apueste sobre seguro- un adelgazamiento de plantillas con el sobado argumento de las sinergias y otras zarandajas empresariales.
   La nueva y breve era de la TDT deja ya demasiados cadáveres en el cementerio televisivo y, según los expertos al fondo sigue habiendo sitio libre. Aunque nadie del sector proteste, ningún periodista despedido se manifieste y los medios pasen de puntillas.

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