domingo, 4 de septiembre de 2011

Trabajadores de tercera

Son tiempos de recortes y ajustes presupuestarios en el sector público y en el privado. Cuatro años de crisis económica obligan a ello, guste o disguste. Con 4 millones largos de parados, un millón de familias con todos sus miembros en paro y con las previsiones de los datos de desempleo para septiembre y octubre nada halagüeñas, hay que buscar o inventar otro agujero para apretarse el cinturón. Lo contrario supone  tener menos futuro que Carmen de Mairena en el casting de Miss Mundo o unas oposiciones de La Veneno a la Real Academia de la Lengua. Es el sistema capitalista que nos ha tocado vivir. Ese que fue definido por un alumno de un colegio cubano castrista como "un vertedero lleno de coches, dinero, especulación, corrupción, lujo y adicción al consumo". Un escolar que, además, preguntado por el comunismo y la revolucion de Fidel sentenció que era "el mismo e idéntico vertedero maloliente, pero vacío y sin libertad".
  En esta crisis que nos ha tocado soportar hay un profesión que sigue sin alzar la voz. Nunca en la historia de la democracia moderna se ha registrado -nunca- una huelga de periodistas, posiblemente los que padecen, con abrumadora diferencia, la mayor precariedad laboral, los sueldos más bajos y los horarios más extensos del mercado laboral español. Unos curritos de tercera división que desconocen, casi al 100%, qué es eso de cobrar una hora extra o trabajar por debajo de las 40 horas semanales. Son los periodistas que informan de las huelgas de controladores aéreos, pilotos o profesores que no quieren perder ni uno sólo de sus privilegios.
  No es algo nuevo. Que va. En el lejano 1951, el genial Billy Wilder dirigió El gran carnaval, una película protagonizada por un Kirk Douglas que encarnaba a un periodista sensacionalista despedido de un periódico de postín y que intenta, desesperadamente, buscarse un hueco en un pequeño diario de Nuevo México: "Señor Burn -le espeta Douglas a su futurible director-, soy un periodista de 250 dólares semanales. Se me puede contratar por 50. Conozco los períódicos por delante y por detrás, de arriba abajo. Sé escribirlos, publicarlos, empaquetarlos y venderlos. Puedo encargarme de las grandes noticias y de las pequeñas. Y, si no hay noticias, salgo a la calle y muerdo a un perro. Dejémoslo en 45 dólares semanales". En España, los sindicatos prefieren hundirse en el Titanic antes de subir y apretujarse en un bote salvavidas. Y así nos va.

No hay comentarios: