lunes, 24 de octubre de 2011

Cambiar para seguir igual

Las elecciones del 20-N. gane quien gane, darán carpetazo a 8 años de gobiernos de Zapatero y a una política audiovisual que lo ha cambiado todo para que todo siga prácticamente igual. Nada más aterrizar en el cargo, el jefe del ejecutivo –un minuto después de ordenar la retirada de las tropas de Irak- colocó abiertamente a la telebasura en su punto de mira y en la carpeta de asuntos pendientes y urgentes. Dicho y hecho, emplazó a la vicepresidenta primera, Fernández de la Vega, a poner coto a tanto programa inadecuado en horario infantil. Así, a principios de diciembre de 2004 –apenas unos meses después de ser investido presidente- el Gobierno reunía en Moncloa a los jefes de las teles–de los que sólo uno sobrevive al frente de la suya a día de hoy- para ponerles por delante la firma un acuerdo de autorregulación para reforzar la protección infantil.
  El documento de marras incluía –con el sí, quiero forzado y a regañadientes de las cadenas- la instauración de un horario de protección para la infancia y la juventud entre las 6 de la mañana y las 10 de la noche. Sí, si, en serio, que no es broma. Ya ve el caso que se le hizo al papel suscrito bajo los focos, con oropeles y hasta solemnidad oficial. Aquí el tiempo ha certificado, sí o sí, que las cadenas sólo responden o se dan por aludidas cuando hay sanciones económicas de por medio, ya sean impuestas por un Consejo Audiovisual estatal, la Guardia Civil de Tráfico o el Arzobispado de Palencia.
   Resulta también curioso comprobar cómo la manida ‘pluralidad’ con la que el Gobierno celebró el nacimiento en su primera legislatura de Cuatro y La Sexta –ambas televisiones en abierto de grupos mediáticos afines al Palacio de la Moncloa- ha degenerado en una fusión de Telecinco con el canal de Prisa y una previsible absorción de la cadena de Mediapro por parte de Antena 3. La pluralidad, más bien por los suelos.
   Los volantazos audiovisuales del ejecutivo que ahora prepara el petate ha dejado una TVE sin presidente, una TDT plagada de brujas, chamanes, teletiendas de fajas y sorteos de pega, cadenas fusionadas antes que cerradas, canales y emisoras locales fallecidas, autonómicas sin rumbo fijo o miles y miles de trabajadores del sector despedidos. Y, como herencia y regalo envenenado para el que venga, una jugosa financiación de RTVE a cargo de las telecos que, más pronto que tarde y salvo sorpresa, tumbarán en Bruselas. Aunque contados, también ha habido aspectos positivos: José Luis Moreno, Parada y Torreiglesias han desaparecido de la tele pública y Urdaci se pasó a la novela y a explotar su lamentable vis cómica. Eso sí que ha sido un acierto gubernamental digno de ser utilizado en esta próxima campaña electoral.

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