lunes, 31 de octubre de 2011

Gana la televisión

Dentro de una semana, la noche del próximo lunes, el único debate electoral entre los candidatos del PP y el PSOE arremolinará ante la televisión a una audiencia millonaria que sobrepasará, holgadamente y salvo sorpresa, los 10 millones de españoles pendientes del discurso, los gestos y los trajes de Rajoy y Rubalcaba. Tres largas décadas de democracia sólo han dado para dos experiencias idénticas: González-Aznar en 1993 y  Zapatero-Rajoy en 2008, ambos con ración doble.
   Los debates de hace cuatro años fueron seguidos por 13 millones de espectadores, frente a los 10 millones del debate electoral que desvirgó a la televisión española de este tipo de espectáculos políticos. No se crea que creció una barbaridad el interés y tenga en cuenta que, entre 1993 y 2008, la población española creció en unos 8 millones de habitantes. Dicho lo cual, donde se ponga un cara a cara por la pequeña pantalla que se quiten dos semanas de mítines plúmbeos para convencer a los ya convencidos y salir en los telediarios. O esos patéticos spots de propaganda emitidos obligatoriamente por las cadenas públicas dentro de unos bloques electorales, más propios de tiempos pretéritos -cuando había que conectar con el parte- que del siglo XXI.
   El cara a cara del lunes será todo un respaldo para la Academia de Televisión de Manolo Campo Vidal, el periodista que de no mediar una hecatombe moderará los tiempos de palabra de los dos candidatos. Un profesional del medio en las antípodas de Génova 13 que ha sabido contentar a PP y PSOE, lo que ya de por sí es todo un logro. La Academia de Campo Vidal –quien se supone que no cobra por ejercer de cronometrador-  repite como maestra de ceremonias para facilitar la señal a quien se la pida previo pase por caja. TVE, Antena 3, La Sexta, Cuatro, cuarto y mitad de autonómicas y otros canales ofrecerán en directo el programa. No así Telecinco, como se veía venir. Su consejero delegado, Paolo Vasile, nunca ha creído en la Academia de Televisión, a la que durante años y años ha torpedeado desde todos los ángulos posibles. A veces con munición barriobajera, como prohibir a sus presentadores participar en las ceremonias de premios y actos diversos de la Academia, un organismo sin ánimo de lucro. El ninguneo del italiano hacia la institución se desbocó cuando Telecinco emitió una de sus galas y los galardones recayeron mayoritariamente en las cadenas y los presentadores de la competencia. “Hasta ahí podíamos llegar”, pensaría.
  Ya sea Rubalcaba o Rajoy quien gane, el cara a cara será, ante todo, una nueva victoria de la televisión como medio de comunicación imprescindible. Un triunfo que sabe mejor al batir a adversarios como la prensa, la radio y, sobre todo, el omnipresente internet. También, de paso, a Telecinco.

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