jueves, 13 de octubre de 2011

Paro go home!

Dicen los viejos del lugar que, antes de comenzar las obras de la Base de Rota, en esos terrenos se cultivaban unas sandías y unos melones exquisitos. Y dicen los cachondos que en esos mismos campos se han cambiado esas sandias y melones por pepinos... de los de carga explosiva. La visita de Eisenhower a la España de Franco en 1959 marcó el destino y el futuro de esta villa de la bahía de Cádiz. Durante décadas Rota se transmutó en un oasis de modernidad en el franquismo de la época, por culpa de miles de soldados estadounidenses que vivieron y se divirtieron por las localidades próximas a la Base -caso de El Puerto de Santa María- o bien, directamente, se casaron con mozas de la provincia. Trajeron, sin que lo supieran ni enterasen los jerifaltes del Régimen, democracia, dólares y la american way of life. La fortaleza del dólar en su cambio con la entonces pesetas los convertían, sin saberlo, en ricos señoritos andaluces con uniforme de la US Navy. Los submarinos nucleares Polaris que recalaron en las instalaciones de Rota llevaron a más y más soldados en la década de los setenta y forzaron la construcción de urbanizaciones enteras dedicadas en exclusiva a ellos y sus familias.
   Los gaditanos de entonces fueron, quizá, los primeros en descubrir qué era eso de beber refrescos en lata, zampar hamburguesas, celebrar Halloween o contemplar cómo los hijos de los militares almorzaban por la calle comida rápida calentada en microondas y, sobre todo, descubrir cómo se comportaban con una visión de la sexualidad y de las relaciones de pareja muy distinta a la de los adolescentes españoles de finales de los setenta y principios de los ochenta. Todo eso acabó tras 1982 con la victoria del PSOE, el posterior referéndum de la OTAN y el recrudecimiento de la guerra fría con Reagan en la Casa Blanca. De la noche a la mañana, miles de familias norteamericanas abandonaron sus chalets y unifamilares en las ciudades vecinas y eran obligados a vivir dentro de la Base. La seguridad era lo primero, más aún siendo testigos de las multitudinarias marchas a Rota organizadas por grupos izquierdistas reclamando la marcha de los militares y el desmantelamiento de las instalaciones.
  En 2011 las cosas, afortunadamente, han cambiado. El reciente acuerdo del Gobierno español para que Rota sea sede del escudo antimisiles de la OTAN hará que, previsiblemente, la base de Rota recupere su esplendor. Un presidente socialista -el mismo partido del OTAN, de entrada, no- revitalizará la economía de una provincia, la gaditana, que ha pasado en los últimos años de Guatemala a guatepeor. Al cierre de Delphi, la reconversión de los astilleros o la crisis eterna de los vinos de Jerez se han sumando, casi sin solución de continuidad, el adiós de las pocas empresas tecnológicas diseminadas por la Bahía que que quedaban en pie: Visteon es la penúltima a la que se sumará, si nadie lo remedia, el cierre de Maderas Polanco, un grupo familiar de Chiclana de la Frontera que dejará a 300 trabajadores y sus familias en la calle más pronto que tarde. Cádiz, la provincia del diputado Rubalcababa en las elecciones de 2008, sigue destruyendo empleo y se prepara para acoger a Manuel Chaves como cabeza de lista del PSOE en las elecciones del 20-N. Un Chaves encantado con el nuevo uso de la Base de Rota ya que el ejecutivo vende en el mismo paquete la creación de 1.000 puestos de trabajo, número y previsión que los gaditanos se toman a guasa.
  Zapatero se marcha tras un terremoto en Lorca y una erupción volcánica en Canarias. Los letristas del carnaval gaditano, siempre al quite, confían en que lo próximo no sea un ataque nuclear a la base de Rota para verse obligados a cambiar aquello de "con las bombas que tiran, los fanfarrones, se hacen las gaditanas, tirabuzones" y meter en la rima los malditos neutrones.

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