lunes, 3 de octubre de 2011

RTVE en tiempos revueltos

Cuentan las lenguas viperinas que en los meses previos a las elecciones generales –como es el caso-, en los pasillos de RTVE deberían instalarse talanqueras para esquivar las embestidas de los que ven peligrar su continuidad en el puesto. En esta ocasión el primer empitonamiento ha procedido desde la zona en teoría noble de la casa, con esa decisión con marcha atrás del consejo de administración para tener acceso previo a la escaleta de los informativos.
   La televisión pública intenta seguir la senda opuesta a las acusaciones de gubernamentalización que la persiguen desde tiempos inmemoriales. Nadie parece darse cuenta de que UCD, PSOE y PP la controlaron, con mayor o menor presión, y que los tres perdieron las elecciones. Desde 2004, con la victoria de Zapatero, la cadena pública de referencia ha visto pasar a tres directores generales o presidentes. Carmen Caffarel hizo lo que pudo y la dejaron -unos 4.000 despidos mediante-, pero no era la persona más adecuada para lidiar al bicho. Luis Fernández realizó una faena digna de encomio pero falló a la hora de entrar a matar, con su plan faraónico de una nueva sede barruntada en tiempos precrisis y, para colmo, abandonar la plaza antes de concluir la faena. Alberto Oliart ha sido el hombre de consenso hasta su reciente espantá: consenso a la hora de nombrarlo y a la de suplicar por su marcha.  Como Fernández, tomó las de Villadiego con efectos retroactivos y casi sin avisar.
   La mayoría de los españoles desea una BBC de la que sentirse orgulloso pero RTVE da para lo que da. Zapatero alardea de que la reforma de la radiotelevisión pública es uno de sus logros más espectaculares, lo que viene a ser como la satisfacción del entrenador de la selección de fútbol de Liechtenstein cuando pierde en casa sólo por 0-3 contra España. No olvidemos el parto de aquel comité de sabios, del que nadie recuerda qué. Rememoremos esa fijación por dejar en ridículo a Rajoy desde los telediarios colándole sin queriendo en videos sobre torturas. Memorable aquello de reducir los pitidos al himno nacional en el Bilbao-Barça de Copa o, metidos en fútbol, el veto a la entrevista a José María García en un programa de El loco de la colina. Por no meter mucho el dedo en la llaga de lo que nos cuesta RTVE en tiempos de crisis y ajuste.
   Para empezar, ZP ha limpiado una deuda mastodóntica de 8.000 millones de euros y, para terminar, somos testigos de cómo a pesar de los casi 600 millones de euros a cargo de los presupuestos del estado y otras partidas con las que se rasca el bolsillo de la competencia, en 2010 los número rojos alcanzaron los 47 kilos. La reforma de una RTVE sin presidente sigue abierta y en asuntos pendientes para el próximo Gobierno.

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